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Abdicación del heredero de Franco: Ahora debiera ser la hora de la República Popular a partir de los barrios


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3-6-2014


Ha abdicado el rey impuesto por Franco y refrendado por la Constitución de la reforma del franquismo de 1978 con privilegios de impunidad absoluta.

Siguiendo la costumbre feudal, al igual que el Juan Carlos Borbón heredó su papel del terrorista Franco, los PP-PSOE, antes de una semana pretenden coronar al otro "heredero" y su consorte, para que todo siga "atado y bien atado" a las órdenes de la OTAN. Se trata de no esperar a que el deterioro de los partidos monopolistas españoles, después de su gran bajada el pasado 25 de mayo, haga más problemática la sucesión del nuevo heredero del franquismo.

Es muy probable que la reunión en Copenhague del siniestro club Builderberg, concluida el día anterior al anuncio, al que asistieron la hasta ahora reina de España, el ministro de Exteriores, el presidente de PRISA y el director general de la Caixa, diera el visto bueno a la abdicación.

Inmediatamente han surgido múltiples voces en todo el estado español que exigen un referéndum para decidir entre monarquía o República. También convocatoria de manifestaciones para exigirlo, las plazas principales de todas las ciudades del estado, que en pocas horas han aglutinado a miles de manifestantes y con la intención de continuar las protestas.

Ello es plenamente positivo si no se queda ahí.

Ahora debería ser el momento no sólo de exigir que la casta caciquil de los borbones, por última vez en su negra trayectoria, desaparezcan de la historia de España para siempre. Debiera ser la hora también, de crear el poder republicano popular a partir de cada barrio.

Los barrios de las grandes ciudades y ayuntamientos pequeños son el lugar donde están todas las clases populares. De hecho, los ayuntamientos fueron protagonistas de la instauración de la II República, de ahí que los neofranquistas de la reforma les negaran todo protagonismo y competencias durante y posteriormente de la llamada "transición".

Sin embargo, el desarrollo de las ciudades durante los años 50 y 60, al mismo tiempo que creó el desarrollo de ciudades que después, durante la reforma, fueron controladas fácilmente por los partidos representantes del sistema, creó también el territorio natural de la unidad popular y su lucha, barrios de deficiente edificación y nulos servicios y planificación urbanística donde vivían los sectores más pobres de la clase obrera.

De esa manera, la lucha de los obreros reivindicativa por su condiciones de trabajo en las fábricas se vio complementada por la lucha de los obreros y otras clases populares en los barrios por sus condiciones de vida. Esa unidad popular llegó a asumir no solo la lucha por la resolución de los problemas reales del pueblo, sino también las reivindicaciones políticas por las libertades y contra la represión fascista.

A pesar de que durante la reforma del franquismo, partidos claves que habían luchado contra éste, aceptaron frenar esa lucha para volcarse y darle legitimidad a la nueva legalidad monopolista, la lucha popular en determinados barrios continuó demostrando su capacidad de combate. La persistencia de esos brotes de lucha combativos, se explica por la permanencia de los órganos asociativos que han permanecido durante décadas en el tiempo y que han actuado en algunos barrios del estado durante determinado tiempo como contrapoderes populares.

Esos órganos que existen potencialmente en todos los barrios de España, han sido y son las Asociaciones de Vecinos, aunque en la actualidad, la burguesía y sus partidos han conseguido dotarlas de un mecanismo legal cerrado para que las decisiones de acción y representación solo estén en manos de los socios totalmente minoritarios respecto al conjunto de vecinos. Dichos estatutos son mantenidos contra viento y marea por parte incluso de autollamados "revolucionarios" que son partidarios del "derecho a decidir" republicano o de autodeterminación mediante elecciones controladas por los medios burgueses, pero son contrarios fanáticos al "derecho a decidir" de todos los vecinos en los órganos de base sociales reales, donde la televisión no llega y solo sirve el trabajo día a día, las Asociaciones de Vecinos.

Las verdaderas luchas populares más contundentes se realizaron desde el nacimiento de las AA.VV. en los años 70 y el último acontecimiento en este sentido lo protagonizó a comienzos de este año principalmente la Asociación Vecinal Las eras de Gamonal de Burgos, movilizando a los vecinos para impedir la realización de una obra, ocupándola, lo que originó una represión fascista de la policía, aplicando un estado de sitio de facto y provocando la solidaridad por todo el estado.

La lucha popular no es solo, ni principalmente un movimiento vanguardistas de las personas más conscientes que terminan llevando a cabo acciones que fácilmente desprestigian sus propios deseos. La lucha popular hoy de la misma manera que tiene un territorio estable, solo puede sostenerse con un lugar organizativo igualmente estable, y, en las condiciones actuales de fase primaria de acumulación de fuerzas, es incompatible con la práctica "guerrillera" de saltar y golpear ahora para desaparecer después, volver a golpear en un nuevo lugar para volver a desaparecer nuevamente y así sucesivamente.

Es por ello por lo que en las actuales circunstancias las Asociaciones de Vecinos deben ser transformadas y saneadas, pero no pueden ser suplidas por movimientos esporádicos vanguardistas que crean "colectivos" que cambian continuamente de nombre y de lugar. La juventud revolucionaria pierde una gran ocasión de transformar la sociedad al eludir el esfuerzo diario de transformación de las AA.VV., abriéndolas completamente al barrio mediante Asambleas Populares soberanas, y creer que las protestas vanguardistas ocasionales son más eficaces por ser más espectaculares.

Cuando algunos sectores tanto hablan del fraude electoral que supone la aplicación de la "ley de Hont", olvidan que el aspecto esencial no está en el método electoral, ni en su mayor o menor proporcionalidad, sino en dónde reside el poder real de comunicación y opinión sobre las elecciones burguesas aunque éstas sean realizadas mediante el método proporcional.

Es evidente que la burguesía y especialmente el sector monopolista dominante son los detentadores de ese poder de comunicación que crea opinión constantemente en la determinada dirección favorable a sus intereses de clase.

Junto a la lucha popular, la elección en cada barrio, de las juntas de las Asociaciones de Vecinos por sufragio universal y con su Asamblea Popular como órgano soberano que decida sobre todos los problemas que afectan al pueblo, es un arma esencial para levantar ese Poder Popular que imponga la República con un carácter de clase opuesto al poder monopolista, utilizando las elecciones por sufragio universal como arma de legitimación popular y sus luchas, donde no puede llegar la manipulación televisiva, y que dificulte su represión y su habitual descalificación como "marginales" de los movimientos que se oponen al sistema actual.

Ello será la única garantía estable para que una posible proclamación de la República no signifique solamente un nuevo cambio de envoltorio del putrefacto sistema monopolista actual, porque de esa manera el contrapoder creado no será cosa de sólo unos días, sino que podrá tomar el poder, defenderlo con todas las armas necesarias y cambiar la sociedad.