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Catalunya: El auge del independentismo es consecuencia de haber convertido el marxismo en simple retórica


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La lluvia no impidió que decenas de miles de personas
en toda Catalunya rechazaran, horas después,
la decisión del Tribunal Constitucional de suspender la Consulta.

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920 Alcaldes de Catalunya, de un total de 947 (un 97% del total de
Catalunya), han entregado esta mañana mociones de sus municipios
a favor de la Consulta en el Palacio de la Generalitat.



4-10-2014


El fantasma del independentismo recorre Occidente. No se trata de revisar las palabras con que comienza el "Manifiesto del Partido Comunista" que escribieron Marx y Engels, sino definir un rasgo esencial de la realidad actual.

El capital monopolista de Europa y EEUU ven con creciente preocupación que pueden ser obligados a tomar la misma medicina, que ellos han aplicado (y siguen aplicando) a la URSS, a China y, en general, a todos los países que no se someten ante ellos, a fin de dividirlos para una vez destruidos, extender en ellos su imperio.

Donbass, Catalunya, Euskadi, Flandes, Escocia, Irlanda el Norte, Córcega, Veneto, Texas, el independentismo se extiende en los dominios de Occidente como una mancha de aceite y amenaza con romper la sacrosanta unidad, férreamente centralizada, del capital monopolista e imperialista.

¿Por qué cada vez más trabajadores dan la espalda a los partidos comunistas occidentales y prefieren luchar por la independencia de su territorio? ¿Qué ha ocurrido para que el llamado "internacionalismo" de la clase obrera se haya tornado en buena parte de ella en nacionalismo?

¿Estamos ante un "imposible" retroceso de la rueda de la historia que intenta deslegitimar la teoría leninista del socialismo como única alternativa en la época del imperialismo? ¿O es que así lo ven quienes viven de repetir cómodamente lo que hicieron y escribieron Marx y Lenin y siguen sin aplicar el "análisis concreto de la realidad concreta" que es precisamente, según Lenin, la "esencia del marxismo"?


El marxismo leninismo limitado a Max y Lenin es la muerte del socialismo científico.

Como ni Marx ni Lenin están ya con nosotros, no podemos limitarnos a la moda tan extendida entre los marxistas leninistas españoles de repetir sus palabras, debemos tomarnos la "molestia" de analizar los cambios operados desde que ellos murieron y poder entender los hechos que hoy ocurren.

Cuando Lenin planteó que la época del imperialismo era la época de la revolución socialista, no determinó ni el tiempo ni las características concretas actuales dentro de dicha época. Entre otras cosas, porque Lenin era un científico combatiente, no un adivinador del futuro.

Por tanto, el hecho de que estemos en la época de la revolución socialista es una realidad objetiva, pero no predetermina necesariamente que la contradicción principal se manifieste entre la lucha del proletariado contra el capitalismo: Para ello son necesarias también las condiciones subjetivas, la esencial de las cuales es la existencia de un verdadero partido comunista en cada país.

Hoy el imperialismo, mediante su política de saqueo en todo el mundo, ha consolidado y extendido lo que ya en los últimos años de Lenin, él mismo, cada vez más, veía en Alemania, Inglaterra y Francia, una aristocracia obrera que servía como soporte al imperialismo y que gracias a convertirse en un sector social privilegiado dentro de la clase obrera, renunciaba a llevar a cabo, en la práctica, la revolución socialista, por mucho que hablara de ella para justificarse ante los trabajadores.

En la actualidad, el proceso de acumulación extraordinario llevado a cabo por el imperialismo en los últimos 100 años ha ido parejo a un gran desarrollo tecnológico de los países capitalistas. La globalización del imperialismo, y su poder económico y político ha llegado a la mayoría de los países, rompiendo toda clase de barreras y pudiendo desestabilizar en beneficio de una minoría de personas a regiones enteras del mundo.

La autarquía se ha convertido en una absoluta quimera y "cerrar la ventana para que no entren mosquitos" sólo ha producido la asfixia de numerosos países socialistas.

Hoy, la supervivencia del marxismo solo es posible en el marco de la competencia, tanto pacífica como violenta, entre ideas, sistemas políticos y económicos. Solo en la arena de esa feroz competencia asimétrica no escrita, y que no depende de la historia pasada, sino de la realidad actual, puede prevalecer el marxismo.

La aristocracia obrera, de la que tanto temen hablar los dogmáticos por ser su propio espejo, hoy, incluso a pesar de la crisis actual que ya dura 6 años, aunque ha perdido parte de su "estado del bienestar" conserva su anticomunismo práctico visceral, debido al hecho contrastado por la historia de que los cambios ideológicos que afectan a las costumbres y relaciones humanas, siempre son mucho más lentos que los cambios económicos.

En realidad, muchos independentistas de hoy que rechazan el socialismo científico considerándolo propio de "nostálgicos", son parte de esa aristocracia obrera que hoy se encuentra degradada de su estatus anterior.

Pero la cuestión esencial es que el independentismo hoy en Catalunya no se limita a ese sector social, sino a amplios sectores populares que hoy asumen el independentismo debido a la inexistencia del partido comunista, porque creen que es el camino más fácil para acabar con la explotación que sufren. Debido a ello, es absolutamente necesario que esos sectores populares pasen por dicha experiencia y no habrá otra forma de cambiar las cosas.


Los vasos comunicantes en los desarrollos de PTE-ORT y ETA.

Durante la época inicial de la reforma del franquismo, en los años 70, se produjo un fenómeno revelador, hoy ocultado por quienes en aquella época eran acólitos del PCE. El PTE, que llegó a ser el partido de la izquierda revolucionaria más importante de Europa, durante su crecimiento en base a impulsar una actividad muy combativa entre la clase obrera, produjo el efecto de vasos comunicantes, de frenar el crecimiento de la organización ETA en Euskadi durante unos años.

La clase obrera respondía a las convocatorias de lucha contra los crímenes del fascismo ocurridos en cualquier parte del estado y ello fortalecía a los comunistas especialmente en el movimiento obrero. Las posiciones divisionistas eran inaceptables para las masas, porque se veía que lo más efectivo en aquellos momentos era derrocar el estado fascista, no simplemente separarse de él.

Posteriormente, una vez ya legalizados el PTE y la ORT que se unificaron en 1.979, sus dirigentes se apartaron de las masas, llamaron a "consolidar y profundizar la democracia", es decir la dictadura del capital monopolista, y terminaron disueltos.

Ello ocurrió cuando el Ministerio del Interior, aprovechándose de la deriva "constitucionalista" de los dos partidos, llamó a los dirigentes procedentes del PTE, anteriormente PCE(i), y les planteó el chantaje de que o disolvían el partido, o harían públicas pruebas de "delitos comunes" que poseían y que les llevaría a la cárcel a todos. Los principales supuestos delitos serían dos sacos de billetes falsificados en Correos de Barcelona, diversos atracos, y la muerte del supuesto confidente de la policía infiltrado en el partido, entonces llamado PCE(i), Juan Guerrero Escaria.

Los máximos dirigentes del PTE, al igual que hizo el PCE en 1.977 a cambio de su legalización, acataron el chantaje del estado para no ir a prisión, disolvieron el partido y no solo no fueron molestados sino que trabajaron como funcionarios jefes al servicio del capital monopolista y en ayuntamientos como el de Sevilla, entre ellos, Eladio García Castro, ex secretario general del PTE, otros en la Comunidad de Castilla La Mancha, como José Sanromá Aldea, ex secretario general de la ORT, otra de Vicepresidenta del V Centenario, Pina López Gay, ex secretaria general de la Joven Guardia Roja y alguno incluso en los cuerpos represivos, como Jorge Argote Alarcón, de la ORT, fichado por el Ministerio del Interior como abogado, a partir de 1985 a sueldo exclusivo de la Guardia Civil, y posteriormente procesado por el "Caso Lasa y Zabala" del GAL.

Detrás de ellos, cientos de cuadros de dichos partidos, cambiaron también de trinchera y se convirtieron en guardianes pretorianos del partido más corrupto que ha habido en la historia de España (con permiso del PP), "la PSOE", una empresa como otra cualquiera, como dice Diego Cañamero.

Cuando a partir de 1977, el PTE y la ORT consolidaron su degeneración y se disolvieron, ETA volvió a fortalecerse entre las masas populares vascas, quedando como prácticamente la única oposición real al capital monopolista y fue al calor de ello que el nacionalismo en primer lugar y el independentismo, comenzaron su ascenso especialmente en Euskadi, Catalunya y Galiza, (el "café para todos" del resto de las autonomías no pude ser considerado más que como una maniobra de freno al nacionalismo).

En definitiva, ese proceso histórico en Catalunya y Euskadi, demostró el hecho de que a mayor influencia en el movimiento obrero de un partido comunista combativo, el factor de clase ocupó el lugar principal y a menos influencia de los comunistas, como ocurre actualmente, la influencia principal la ocupa el nacionalismo.

En esta situación nos encontramos.


El reconocimiento de la autodeterminación práctica allí donde ha arraigado en el pueblo, es el único camino para avanzar en Catalunya.

Marx decía que un análisis social científico siempre debe partir "de los hechos naturales que tenemos ante los ojos", y no de una ideología, una convicción o un deseo.

Así pues, si eso es así y si la esencia del marxismo es el "análisis concreto de la realidad concreta", solo hay que ver la actitud del pueblo catalán desde hace unos años, para entender que todo lo que no parta de esa voluntad popular (aunque sin limitarse a ello) no tendrá sentido para un comunista en Catalunya.

El derecho de autodeterminación no se puede colgar en una pared como un cuadro, sino que hay que luchar por él consecuentemente cuando un pueblo lo desea y exige durante años. Los comunistas que se esconden en excusas teóricas varias para rechazarlo, no merecen más que el nombre de charlatanes que políticamente están mucho más a la derecha que quienes asumen en la práctica el derecho a la independencia.

La ley ha de estar siempre al servicio de la mayoría del pueblo y no la mayoría del pueblo al servicio de la ley. Y ese no es solo un principio democrático, sino también un principio comunista que obliga a llevarlo a la práctica, especialmente cuando la ruptura con el estado tiene todo lo progresivo de romper con los residuos franquistas, y realinear una nueva postura frente al imperialismo y el marco económico en el proceso práctico que se abre.


Hay que tener en cuenta principalmente las fuerzas progresivas que luchan.

Si, debido a las circunstancias históricas y sociales actuales, la clase obrera hoy no puede asumir como clase en un primer momento la dirección del movimiento popular, no por ello los comunistas pueden dar la espalda a dicho movimiento nacional en Catalunya, que es hoy el principal motor de combate.

Mao Zedong, desoyendo las directrices de Stalin a través de la Internacional Comunista, se opuso y cambió la política aventurera, que a punto estuvo de llevar a la ruina a la revolución china, durante 1.930-1.934 del "bolchevique" Wang Ming que pretendía trasplantar a China la revolución soviética, sin tener en cuenta la debilidad del proletariado chino y la combatividad del campesinado que posibilitó comenzar la Larga Marcha que cercaría las ciudades desde el campo, que consiguió la victoria.

Por cierto, aún hoy, los dogmáicos modernos sigue reprochando a Mao su "nacionalismo" y niegan el carácter de clase proletaria de la revolución china.

Trabajadores precarios y con sueldos de miseria, parados de larga duración, estudiantes sin futuro, pageses explotados, comerciantes progresivamente arruinados, jubilados con pensiones de hambre, son parte del pueblo trabajador en lucha y es normal que su lucha merezca ser apoyada, mientras la aristocracia obrera en declive despierta de su sopor.

Ese apoyo a la liberación nacional de Catalunya hay que llevarlo hasta el fin en bien de los propios intereses de la clase obrera. Solo así se podrá eliminar el velo nacionalista que hoy impide dar un carácter de clase al movimiento revolucionario.

Las afirmaciones de tipo marxista, si no van acompañadas de la combatividad necesaria para cambiar las cosas y la conciencia de las masas en la práctica diaria de la lucha, y el respeto escrupuloso en los hechos al derecho de autodeterminación, se convierten en simple retórica reaccionaria.

Es mediante esa combatividad, y una vez conseguido que el pueblo catalán decida como nación, los trabajadores inmersos en dicha lucha diaria, entenderán la necesidad práctica de socializar la economía bajo el criterio de distribución, "a cada cual según su trabajo", de ejercer la dictadura de clase contra el enemigo e impulsar la democracia directa, de base, en el pueblo, de tomar los medios de manipulación de masas hoy en manos de los oligarcas y convertirlos, especialmente las televisiones, en órganos de difusión obreros y populares, de abandonar los organismos internacionales imperialistas, de crear un ejército y un gobierno popular y desmontar todo el aparato de la dictadura monopolista.

Y para conseguir todo ello, los trabajadores catalanes verán entonces la necesidad de la unidad combativa con todos las regiones que hoy forman el estado español para derrocar el peligro común de todos, el estado monárquico-monopolista heredero de Franco. No cabe duda que ello sería la mejor manera de estimular a los pueblos europeos para hacer avanzar la revolución socialista en Europa.