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XVII.2.a Lecciones actuales de la insurrección de Octubre

La toma del poder parte de los bolcheviques en octubre de 1917, es el hecho histórico pionero del movimiento comunista que inició la fase de aplicación práctica del socialismo científico. También es el hecho más divulgado por parte de los dogmáticos reformistas de occidente que hacen un especial énfasis cuando se habla de las enseñanzas de dicho acontecimiento. Ellos hacen hincapié en la necesidad de tomar el poder mediante de la lucha armada o violencia revolucionaria, la necesidad de implantar la dictadura del proletariado y la lucha contra el "oportunismo", entendiendo por ello, lo que llaman el "revisionismo" o reformismo, olvidando la lucha de Lenin contra el izquierdismo y el dogmatismo.

Sin embargo guardan silencio acerca del enorme trabajo que tuvieron que realizar los bolcheviques para cambiar la correlación de fuerzas que inicialmente les era desfavorable en el movimiento obrero ruso.

Primero quisiera constatar que en Rusia, a pesar de la supervivencia del régimen de servidumbre tanto en el campo como incluso en la relación laboral en algunas fábricas, la proporción del proletariado y semiproletariado de la ciudad y del campo llegaba en 1913 al 64,4%, o sea, a 2/3 de toda la població. El destacamento de vanguardia de la clase obrera -el proletariado industrial- crecía en el siglo XX más rápidamente que los demás grupos proletarios y alcanzó la cifra de 3.643.300 personas, pero sin llegar a 1/5 del total de proletarios. Sin embargo, el papel político de la clase obrera, "el principal motor de la revolución comunista" era mayor que su composición numérica [549] debido a su gran concentración y a las condiciones de explotación. Lo que indicaba Lenin acerca de que en Rusia a pesar de su atraso agraria y la pervivencia del régimen de servidumbre había conseguido poseer "el capitalismo industrial y financiero más adelantado" solo puede entenderse por los intercambios entre la Rusia zarista y la Europa de la revolución burguesa y el desarrollo industrial y financiero.

Ello es una situación bien distinta que la que había forjado al proletariado en China, y que explica el fracaso del PCCh bajo la dirección de Wang Ming en la década de 1930 para promover levantamientos obreros en las ciudades. El aislamiento de siglos respecto a los países capitalistas más avanzados y el hecho de que su relación con ellos estuviera marcada siempre por la invasión extranjera, marcaron la diferencia con Rusia, potencia imperialista que además, invadió varias ocasiones China, y que llegó a contar con un proletariado muy concentrado. En nivel cultural de la población china, lastrada por 20 siglos de feudalismo era también inferior a la rusa.

El otro hecho es cómo se produce el cambio de composición en el interior de los Soviets y los bolcheviques llegan a tener mayoría dentro de ellos, partiendo de una minoría.

Los Soviets no fueron una creación de los bolcheviques ni de ningún partido. Fueron creados a partir de 1.905 por los movimientos huelguísticos como forma de representación de los obreros de San Petesburgo en lucha y luego se extendieron a todas las ramas, sectores y ciudades [549]. En realidad, su forma de aparición tiene gran semejanza con la manera como se crearon las Comisiones Obreras en España a partir de 1960.

Desde el comienzo, los comunistas rusos participaron en el desarrollo de los Soviets, pero también desde el comienzo su influencia en ellos era minoritaria. Los comunistas eran conscientes de que el movimiento de los soviets, surgía de las necesidades de la clase obrera y de su lucha, a pesar de las posiciones reformistas, izquierdistas y oportunistas de todo tipo que penetraban la sociedad rusa después del auge revolucionario hasta 1906, aplastado por los consejos de guerra del zarismo. En el proceso de repliegue, lejos de abandonar el movimiento de masas surgido espontáneamente de las masas, los comunistas en minoría, se convirtieron en los mayores defensores de su unidad, combatiendo al mismo tiempo toda clase de oportunismo en su seno, tanto las falsa ilusiones, como el aventurerismo izquierdista, sin perder su independencia política como partido.

Resulta evidente pensar que sin esa constancia de los comunistas en los Soviets, que hubieron de soportar todo tipo de presiones por parte de los reformistas e izquierdistas, además de la represión del zarismo, no habría sido posible materializar la toma del poder por el proletariado ruso y el pueblo, dirigidos por su partido.

La lección que nos depara la insurrección de octubre, por tanto, no se puede limitar al momento final de la toma del poder, sino que hay que extenderlo a todo el proceso que lo hizo posible, en especial el trabajo de masas como actividad esencial para cambiar la correlación de fuerzas en los organismos con influencia en la clase obrera, independientemente de que fueran más o menos oportunistas y precisamente para cambiar su carácter y llegar a convertirlos en órganos de poder obrero y popular.

Si analizamos la actividad de los dogmáticos reformistas, vemos que siguieron otros caminos bien distintos. En España, bajo la dictadura terrorista impuesta por Franco de la oligarquía, las primeras Comisiones de Obreros nacieron a comienzos de la década de 1960 en los pozos mineros de Asturias, extendiéndose por todo el país. Inicialmente dichas Comisiones de Obreros nacían de forma espontánea para negociar con los dirigentes empresariales sus reivindicaciones laborales, y una vez terminado el proceso de lucha concreto se disolvían. Con el tiempo, se hicieron estables y comenzaron a asumir contenidos más generales además de los particulares reivindicativos. En ese proceso jugó un papel esencial, la actividad del Partido Comunista de España (PCE).

Pero la actividad revolucionaria de los militantes del PCE llegaron a tener un freno que sería nefasto para la lucha de masas, la política de "Reconciliación Nacional" elaborada por la dirección encabezada por Santiago Carrillo en junio de 1956, pero también condicionada por los ataques indiscriminados de Kruschev contra Stalin en el XX Congreso del PCUS 4 meses antes, en febrero de 1956.

Comisiones Obreras (CC.OO.) llego a tener una influencia determinante en el movimiento obrero español. La táctica de masas del PCE de utilizar tanto la ilegalidad como la legalidad del trabajo dentro del Sindicato Vertical mostró una gran eficacia. La táctica del PCE de imponer el funcionamiento sindical de hecho en las empresas, a través de la legitimidad, fue esencial en ese proceso. A pesar de las detenciones, torturas y asesinatos principalmente de comunistas, por parte de la Guardia Civil, la policía política (Brigada Político-Social), y la Policía Armada, el PCE consiguió por su dirección en la lucha de masas, la elección de enlaces y jurados y la participación en asambleas obreras en el Sindicato Vertical fascista dirigido por antiguos militantes de la CNT-FAI, lo que le era negado por el terrorismo fascista. El PCE consiguió también, paralelo a ello, el desarrollo del partido hasta convertirlo en la columna vertebral de la oposición al fascismo.

Sin embargo, la política de "Reconciliación Nacional" y "Pacto por la libertad", sentó las bases para obviar en todo el proceso revolucionario el carácter de clase del enemigo, llegando a considerar a Franco como un dictador sin escrúpulos al margen de la clase oligárquica que lo sustentaba. Ello abrió la puerta a considerar incluso a "sectores evolucionistas" de dicha clase como potenciales protagonistas de un pacto político, que como es lógico no podía atentar contra la esencia del poder omnímodo de dicha clase.

Ello originó escisiones "marxistas leninistas" dentro del PCE. En 1964 surgió el PCE (m-l). En 1968 el PCE (i) la mayor parte del cual se transformaría posteriormente en PTE. También surgió la OMLE que daría lugar al PCE(r), la ORT, el MCE, BR, etc.

Unos, el PCE (m-l) y el PCE(r), adoptaron como norma de acción el aventurerismo izquierdista de carácter blanquista y quedaron aislados de las masas. Los demás, de una manera u otra participaron en los organismos unitarios del movimiento antifranquista. La mayoría de ellos intentaron en sus comienzos ser reconocidos por la República Popular China que en aquellos años llevaba a cabo la "revolución cultural" y que era considerada por todos los que participábamos en aquellos partidos como la verdadera alternativa al "revisionismo". Así mismo, especialmente el PCE (m-l) y la ORT, intentaron trasplantar a España la política de China, y el PCE (i) llegó incluso a exigir la "proletarización" y "bolchevización" de los militantes no obreros para pasar un periodo de "reeducación" dentro del partido, similar al que imponía la "revolución cultural" en China a los potenciales "seguidores del camino capitalista".

El desgaste de la "revolución cultural" en China fue paralelo a que sus gobernantes dejaran de reconocer oficialmente al PCE (m-l) y otros partidos o grupos "m-l" occidentales, originando en el PCE (m-l) el traslado de la tutela de China a Albania.

De todas las escisiones "marxistas leninistas" del PCE, el partido que llegó a tener más influencia, con diferencia, en el Movimiento Obrero de España fue el Partido del Trabajo de España (PTE). En los años 70 la radicalización de la lucha de clases era progresiva. A las CC.OO, cada vez más fuertes se unión el movimiento popular en torno a las Asociaciones de Vecinos, también impulsadas principalmente por el PCE. El carácter asambleario del movimiento obrero y popular suponía un peligro para el sistema. A partir de mediados de los 70 los enfrentamientos entre PCE y el cada vez más creciente PTE en el seno del movimiento obrero, se agudizaron.

Con la perspectiva de una próxima legalización sindical, que de hecho ya se daba en la práctica social diaria, surgió el intento de acordar una integración en los órganos de dirección de CC.OO. en correspondencia con la correlación de fuerzas de ambos partidos. Aunque en su momento ello no se divulgó, la exigencia exagerada del PTE de tener un 30% de los cargos directivos en CC.OO. no fue aceptada por el PCE que le ofrecía un 10%. Ello facilitó la ruptura ante un PCE que, por otro lado, asumía de hecho la posición oligárquica de no aceptar "el mal ejemplo" de la unidad sindical que se había dado en Portugal durante la "revolución de los claveles".

El PTE inició entonces un proceso asambleario desde la base de las empresas para conformar un Sindicato Unitario. Pero en vez de partir de las propias CC.OO. para transformarlas en organismos unitarios y asamblearios, para impedir la división sindical, como algunos propusimos inicialmente en el seno de la ORT y que fue rechazado por la misma, también en proceso de formación del Sindicato Unitario, el PTE terminó captándonos a la mayoría de militantes "izquierdistas" del movimiento obrero para la constitución de un nuevo sindicato que se llamaría CSUT.

La formación de la CSUT y SU, al margen y en contra de CC.OO. fue un grave error político que cometimos todos los que de una manera u otra participamos en aquella escisión sindical. A partir de entonces, la dirección del PTE se apartó de las necesidades reales de las masas, se embarcó en una política electoralista, propugnó a partir de 1.977 "extender y consolidar la democracia", hipotecó a cientos de militantes para pagar las deudas, creo actividades paralelas "no legales" para financiar el electoralismo del partido y finalmente, después de sucesivos fracasos electorales, los dirigentes del PTE dieron la orden del disolver el partido en 1980, posiblemente, según versiones "off the record", acatando un chantaje del Ministerio del Interior que les amenazaría si no disolvían el partido con una larga prisión por actividades "ilegales" de "delincuencia común".

Aunque este último extremo no ha sido reconocido públicamente aún por ninguno de sus protagonistas, lo totalmente cierto es que dirigentes tanto de PTE como de ORT, fueron "enchufados" a una cómoda vida laboral en organismos e instituciones del estado, y alguno incluso ha llegado a trabajar de defensor de implicados en terrorismo de estado.

El hecho político que más interesa reflejar es el tan distinto comportamiento de los comunistas bolcheviques en la transformación de los Soviets en órganos de poder popular y quienes tuvimos alguna participación en la ruptura de las CC.OO en 1976. La actual política colaboracionista con el sistema de CC.OO., no sería la misma, si hace 37 años, algunos comunistas hubiéramos tenido la entereza y visión política necesarias para impedir que nuestras direcciones sectarias facilitaran el acceso de la aristocracia obrera sobornada al control absoluto de CC.OO., y hubiéramos sido capaces de imponer en contra de nuestras direcciones, el proceso asambleario desde la base de las propias CC.OO.

Pero no solo jugaron un papel en dirección contraria a los Soviets, los partidos de izquierdistas españoles existentes en los años 70. También lo hicieron y lo hacen los llamados partidos "pro-soviéticos". Hay que recordar que en 1974, estimulado por la URSS, se fundó el PCOE bajo la dirección de Enrique Líster, un gran combatiente durante la guerra civil española, pero al que el dorado exilio de Moscú transformó en un charlatán narcisista, desligado por completo de la realidad de España.

El PCOE, tenía dos discrepancias con el PCE: la figura de Santiago Carrillo y el papel de la URSS en la arena internacional. En todo lo demás, el PCOE seguía palmo a palmo la política del PCE. Por ello, a pesar de que inicialmente lo conformaron bastantes militantes simpatizantes de la URSS, su inoperancia absoluta en la lucha de clases de España, hizo que pasara inadvertido en aquellos años.

También surgieron después otros grupos pro-soviéticos, debido al personalismo dictatorial de Líster que no quería competencia personal a su alrededor. Tales fueron el PCC y posteriormente en 1984, el PCPE unificando diversos colectivos. En ambos casos, el papel de la embajada de la URSS tuvo importancia esencial. Todos esos partidos "pro-soviéticos" defendían la "reforma de estado" y adjetivaban al PSOE como partido de "izquierdas" o "socialdemócrata", pero eso sí, apoyaban las intervenciones militares de la URSS como acciones "internacionalistas".

En el terreno sindical, dichos partidos se mantuvieron en el seno de CC.OO. pero colaborando de hecho con la política sindical del PCE, sin plantear ninguna alternativa práctica al reformismo. Especialmente el PCC que ha llegado a tener una cierta influencia en Catalunya, formado por supuestos "leninistas" y "afganos", no solo colaboró con el reformismo, sino que actuaron como rompe-huelgas, antes y después de formar el PCC, tanto en el movimiento obrero (fueron la punta de lanza de la reacción en la Huelga de la Construcción de los 21 días de abril de 1977, como en el movimiento popular (rompiendo la lucha de las Asociaciones de Vecinos de varios años contra los impuestos en el recibo del Agua).

Posteriormente y hasta en la actualidad, PCPE, PCC y PCOE, con la actual grave crisis, iniciada a finales de 2007, creada por el capitalismo para bajar salarios y eliminar derechos de los trabajadores, han radicalizado su lenguaje, pero han mantenido su inoperancia. El PCC conforman lo que han dado en llamar el "sector crítico de CC.OO." a través del cual se reparten cargos y prebendas con los "oficialistas" y se coaligan con ICV y PSUC-viu, y mantienen una alianza de hecho con ellos y con el monopolista PSOE-PSC, para intentar aislar a la burguesía nacionalista e impedir en la práctica el derecho de autodeterminación que proclaman defender.

El PCPE y el PCOE se apartan de todos los movimientos de masas existentes que surgen espontáneamente debido a la agudización de las crisis, debido a que los consideran "oportunistas" y los acusan de estar manipulados por el estado. El PCPE intenta crear los Comités de Unidad Obrera (CUO). El PCOE lleva 5 años intentando crear la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores (ACDT) y el Frente Único del Pueblo sin ningún resultado real porque se niegan a partir de los movimientos de masas reales que ellos acusan de "oportunistas". De tal manera, esos dos partidos se han convertidos en aparatos al margen de los problemas reales de las masas, que centran su labor en la captación de militantes desde posiciones teóricas.

El PCPE ha conseguido convertirse en el referente español del KKE griego y el PCOE, a pesar de su menor militancia, intenta suceder al PCPE en dicho reconocimiento internacional, aunque para ello tengan que copiar cada táctica y cada posición del KKE sobre asuntos nacionales e internacionales.

La enseñanza de la insurrección de octubre en Rusia, hecha posible gracias al trabajo de masas desde posiciones minoritarias en los organismos unitarios de los bolcheviques, es despreciada por estos partidos, que ensalzan los resultados de la revolución de los Soviets pero ocultan los medios que los hicieron posibles. La lucha contra el oportunismo para ellos continúa siendo una simple cuestión de propaganda, al margen del combate con los oportunistas en la actividad de masas real que para ellos, en vez de suponer un fortalecimiento de su ideología comunista, supone un "desgaste" inasumible para su comodidad burguesa.

El KKE griego tiene mayor influencia entre su pueblo. Sin embargo, en su relación con los movimientos de masas que no controla, como ha sido el movimiento de los "indignados" griegos, ha manifestado la misma posición que el PCPE y PCOE, oposición frontal al movimiento, justificándose por las posiciones anarquistas de este.

Sin embargo las experiencias de cómo se desarrolla un partido comunista, demuestran que ello no depende de llevar una pancarta o una pegatina del partido en una manifestación, sino del trabajo y sacrificio diario que se hace en el movimiento. Por tanto, aducir que no se participa en un movimiento porque en él no se le permite a un militante hablar como partido, es una justificación sin base alguna, que encubre la desidia por el trabajo revolucionario, allí precisamente donde se debe demostrar con hechos la superioridad respecto a los oportunistas.

En el caso del KKE, su primera línea de defensa del parlamento burgués, guareciendo la segunda línea de policías, es altamente significativa y da algunas claves de los enfrentamientos entre anarquistas y comunistas en Grecia (ver fotos de página 47).


[549] Historia de la URSS, tomo I, pag. 311, Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1979.

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