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XVII.2.e. La industrialización de la URSS y los prolegómenos de la Gran Guerra Patria

Muchos pueblos de Rusia, principalmente los de las comarcas orientales, que no habían pasado aún por la fase de desarrollo capitalista, no poseían industria propia ni proletariado propio, eran atrasados en el aspecto económico y cultural. Al instaurarse el nuevo régimen social, estos pueblos podían pasar al socialismo soslayando el camino capitalista de desarrollo. El Poder de los Soviets se planteó lograr la igualdad efectiva de todas las naciones y pueblos del país mancomunando los esfuerzos para fomentar su economía y su cultura. [586]

Como hizo constar el XV Congreso del PC (b) de la URSS (diciembre de 1927), el papel decisivo en toda la economía nacional; el comercio estatal y cooperativo se extendía al grueso del intercambio de mercancías del país, y el sector socializado de la economía nacional determinaba la orientación general del desarrollo, desalojando al capital privado, tomando a remolque y transformando paulatinamente la hacienda de los campesinos, productores simples de mercancías.

Este acrecentamiento del papel del sector socialista hizo que cambiara la correlación entre las fuerzas de clase del país: pese a que en la época de la NEP se observara el crecimiento absoluto de los kulaks en el campo y de la burguesía, en la ciudad su proporción general decreció, mientras que se elevaron la proporción de la clase obrera y su ligazón con la masa fundamental de los campesinos y se robusteció la dictadura del proletariado. [587]

Los trotskistas no creían en la posibilidad de una industrialización armónica y proporcional con las fuerzas propias del país y proponían que se comenzase primero la industrialización a intenso ritmo para llenar de mercancías el mercado y, luego, disminuyendo el ritmo, mantenerse hasta la victoria de la revolución en los países de industria desarrollada.

Proponían que los recursos para tal "superindustrialización" se movilizasen a cuenta de un aumento de los impuestos para los campesinos, sin tener en cuenta la necesidad de reforzar la ligazón económica entre la industria y la hacienda campesina. El Pleno del CC del partido de abril de 1926 rechazó estas proposiciones por antileninistas y mencheviques. [588]

Al comienzo de la industrialización, entre 1926-1927 se invirtió en la construcción de obras básicas más de mil millones de rublos, correspondiendo el 66% de ese importe a las ramas que fabricaban medios de producción. En 1926 había en la URSS más de 6,5 millones de obreros industriales y cerca de 4 millones de empleados; en la industria fabril estatal estaban ocupados 2 millones de personas, y al cabo de 2 años, 3 millones.

Al objeto de evitar el sabotaje de los ingenieros adictos al antiguo régimen, el número de estudiantes técnicos aumentó de 48.900 a principios del quinquenio a 233.500 a fines del mismo, cambiando mucho su composición social y orientación política. En 1928-1929 se enviaron a los centros de enseñanza superior del país alrededor de 1.000 activistas, de entre los cuales salieron en lo sucesivo excelentes organizadores de la producción, pedagogos y médicos. [589]

Dirigentes soviéticos de la economía viajaron a Europa Occidental y los EE.UU. para conseguir ayuda técnica extranjera y concertar contratos con grandes firmas capitalistas. Hacia fines de 1928 se concluyeron 49 contratos, entre ellos uno con H. Ford, quien se comprometió prestar durante nueve años asistencia técnica gratuita, transmitir su experiencia e inventos, mientras que la URSS asumía el compromiso de comprarle en el plazo de cuatro años automóviles por valor de 300 millones de rublos.

Se perfeccionó y desarrolló la industria petrolera, en las minas se introdujo el martillo compresor, se fabricaron aceros y laminados de calidad, En 1926-1928 comenzaron a levantarse refinerías de petróleo en Bakú, Grozny, Batumi y Tuapst entre Grozny y Tuapsé y a tender oleoductos. Se abrieron cuencas carboníferas del Donets y de Kuznietsk; se construyeron aserradores mecánicos y plantas para la fabricación de papel. Se construyeron líneas férreas en Rusia y las demás repúblicas periféricas.

La XV Conferencia del partido planteó alcanzar, en el plazo histórico más corto posible y superar luego, el nivel de progreso industrial de los países capitalistas [590]. En 1927, se comenzaron la construcción de otras 10 centrales eléctricas. Se empezó la construcción de 528 nuevas plantas metalúrgicas.

En 1926, volvió a surgir la alianza de Trotski, Zinóviev y Kámenev para resucitar las fracciones internas en el partido y oponiéndose a la construcción del socialismo en un solo país, en la URSS. El Pleno del CC del PC(b) de la URSS de julio de 1926, condenó tales acciones y apartó a Zinóviev del Buró Político [591].

El 7 de noviembre de 1927, los cabecillas de la oposición intentaron salir a las calles en Moscú y Leningrado con consignas antipartido y antisoviéticas. Pero sólo consiguieron reunir unos grupitos míseros de renegados. Apoyaron al partido una poderosa manifestación en Moscú, de más de 800 mil manifestantes en Leningrado y multitudinarias manifestaciones en otras ciudades.

El 14 de noviembre de 1927, el CC y la CCC del PC (b) de la URSS expulsaron a Trotski y a Zinóviev del partido y a los demás los apartaron de los órganos centrales, ratificado después por el XV Congreso donde fueron expulsados 77 opositores activos [592].

En 1928, N. Bujarin, A. Ríkov, M. Tomski y N. Uglánov se unieron a los que estaban de acuerdo el dar prioridad a la industria pesada [593]. En el quinquenio 1928-1932, solo en obras básicas se presupuestaron 64.500 millones de rublos, 12 veces más que en el quinquenio anterior en empresas industriales. El plan preveía la construcción de 1.500 empresas, entre ellas verdaderos gigantes de la industria [594].

El viraje de las masas fundamentales de campesinos hacia los koljoses creó condiciones para acabar con la clase de los kulaks, última clase capitalista en el país.

El primer plan quinquenal fue cumplido en cuatro años y tres meses. El volumen de la producción industrial aumentó en el 170% respecto de 1913. En el curso del quinquenio se cumplió el plan de electrificación del país, siendo superado ya en 1931. El potencial tan sólo de las centrales eléctricas zonales pasó de 2 millones de kW, superando en medio millón lo previsto en el plan [595].

El número de obreros y empleados en la economía nacional llegó en 1932 a 22.900.000 contra 11.600.000 en 1928. La proporción de los obreros en el total de la población del país se elevó hasta llegar a 1/3. Casi todos estaban ocupados en la industria socialista, que proporcionaba el 99,3% de la producción industrial, correspondiendo al capital privado únicamente el 0,7%. La cuestión de "¿quién vencerá a quién?" en la industria fue resuelta definitivamente a favor del socialismo [596].

En los años de cumplimiento del primer plan quinquenal se implantó en la URSS el sistema de cartillas de racionamiento de pan y otros víveres, y había escasez de viviendas debido al aumento de población en las ciudades [597]. Ello tuvo importancia internacional debido a que coincidió con la grave crisis surgida en los países capitalistas en 1929 [598].

La colectivización de la agricultura a través de los koljoses cambió la fisonomía del campo en detrimento de los kulaks La producción agropecuaria del país alcanzó en 1927 el nivel de anteguerra, pero el increíble atraso de la técnica agrícola impedía su desarrollo (más de 5 millones de arados de madera eran el apero fundamental de las haciendas campesinas) [599].

A partir del otoño de 1929, en las principales zonas cerealistas del país, el movimiento koljosiano comenzó a transformarse en colectivización total. El Pleno del CC del PC (b) de la URSS de noviembre de 1929 hizo el primer balance del iniciado movimiento koljosiano. El Pleno hizo constar que el viraje decisivo en la actitud de las masas de campesinos pobres y medios hacia los koljoses, resultado directo de la acertada política de la clase obrera y del partido en el campo [600].

Sobre todo a principios de 1930 comenzaron a revelarse graves errores y tergiversaciones de la política del partido en la organización de los koljoses. Se vulneraba el principio leninista del ingreso voluntario en los koljoses. En muchos casos se obligaba a los campesinos a que se incorporasen a la hacienda colectiva bajo amenaza de ser expropiados como kulaks, de verse privados de derechos electorales, etc. A veces la proporción de los expropiados llegaba al 15%, y los privados de derechos electorales, al 15-20%. [601]

Hacia el verano de 1930, los koljoses de la URSS obtuvieron, merced a la expropiación de los kulaks, medios de producción y otros bienes por valor de más de 400 millones de rublos. El viraje social en el campo originó una violenta agravación de la lucha de clases. La resistencia de los kulaks tomó tal encono que adquiría con frecuencia la forma de sublevaciones antikoljosianas y levantamientos antisoviéticos. En tales condiciones, el método fundamental de liquidación de los kulaks como clase era la expropiación violenta. [602]

Hacia fines de 1937 había en la URSS un total de 243.700 koljoses, que agrupaban 18,5 millones de haciendas campesinas, es decir, el 93% de las haciendas y el 99,1% de las superficies de siembra [603]. La producción de fluido eléctrico se había duplicado en el quinquenio, llegando, en 1935, a más de 26 mil millones de kW/h [604].

En 1.935 surgió el stajanovismo (que ya he expuesto en este libro, ver páginas 129-130) a partir de la inventiva del minero soviético Alexéi Stajánov que a través de la división del trabajo y la racionalización consiguió multiplicar la productividad en las minas, servir de ejemplo a todo el país de los Soviets y significó un fuerte desarrollo en la industria. [605].

En marzo de 1935, la URSS llegó a un acuerdo con el gobierno japonés, participante ya en el pacto "anticomintern", que ocupaba Manchuria. El mando del ejército japonés de Kwantung, situado en Manchuria, provocaba constantemente conflictos en el ferrocarril del Este de China, perteneciente a la Unión Soviética, y en las fronteras de la URSS y la República Popular de Mongolia. A fin de suprimir un foco de conflictos, el Gobierno soviético propuso ya en 1933 la venta del ferrocarril del Este de China. Tras largas negociaciones, en marzo de 1935 se firmó un acuerdo de venta de este ferrocarril de la Unión Soviética al Gobierno de Manchou-Guó (impuesto por Japón en China) por 140 millones de yenes. Este paso era una prueba del sincero deseo de la URSS de eliminar las fuentes de roces y conflictos en el Extremo Oriente. Pero el "partido de la guerra" era muy fuerte en el Japón. Mientras Hirota, ministro del Exterior, pronunciaba discursos acerca de la paz, los dirigentes del ejército daban indicaciones para efectuar nuevas provocaciones en la frontera soviética, de detención y apaleamiento de ciudadanos soviéticos en Harbin, Mukden y otras ciudades. No pasaba una semana sin incidentes en la frontera. En el otoño de 1935, los provocadores de guerra impusieron a los guardafronteras soviéticos varios combates (en la zona de Grodekovo). Choques aún más graves se producían en la frontera de Manchou-Guó con la República Popular de Mongolia.

El siguiente acto importante del Gobierno soviético en el Extremo Oriente fue la suscripción en agosto de 1937 del tratado de no agresión con China. En 1938 y 1939, la URSS concedió a China préstamos por valor de 250 millones de dólares. A costa de dichos créditos, la Unión Soviética, tan sólo en los años de 1938 y 1939 suministró a China en lucha alrededor de 600 aviones, 1.000 cañones y obuses, 8 mil ametralladoras y otros pertrechos de guerra. Más de 100 pilotos voluntarios soviéticos cayeron en la lucha por la libertad y la independencia del pueblo chino [606].

En mayo de 1941, teniendo en cuenta el aumento del peligro de guerra y movido por el empeño de asegurar la unidad indiscutible en la labor de los organismos, de los Soviets y del partido, el CC del PC (b) de la URSS adoptó el acuerdo de recomendar a J. Stalin, Secretario General del CC, a que ocupara simultáneamente el puesto de Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS.

La cosecha bruta de grano en 1940 superó el nivel de Rusia de 1913. Pero, visto el enorme crecimiento de la demanda de grano, el problema cerealista no se había resuelto aún en la URSS antes de la guerra [607].

En junio de 1940, hubo levantamientos obreros en los tres estados bálticos que derrocaron las fuerzas reaccionarios e implantaron gobiernos de Frente Popular [608].

Ante el peligro de guerra, el gobierno soviético promulgó la "Ley Sobre el servicio militar general" del 1 de septiembre de 1939, en base al artículo 132 de la Constitución de la URSS, según el cual, la defensa de la patria es deber sagrado de cada ciudadano de la URSS.

En 1940 y 1941 se decidió construir nueve fábricas nuevas de aviones y reformar otras tantas viejas, merced a lo cual los potenciales de producción de esta rama aumentaron en más del 50%. Se acordó entregar a disposición del Comisariado del Pueblo de la Industria Aeronáutica en 1940 siete fábricas de otras ramas, construir nuevas plantas de motores de aviación e incorporar a su fabricación las empresas de la construcción de maquinaria. Como resultado de estas medidas, en 1940, el número de empresas de la industria aeronáutica superó en 3/4 al de 1937. Se aumentó la producción de tanques y municiones y de la industria armamentística en general. Muchas empresas de producción pacífica se incorporaban a la producción de material de guerra [609].

Los constructores soviéticos de tanques dieron los mejores carros pesados del mundo -los KV- y el tanque medio T-34. En 1940 y 1941 se fabricaron 636 tanques KV y 1.225 T-34, constituyendo eso cerca del 20% del total de la producción de tanques. Se perfeccionaba también la artillería; se desplegó la labor para la producción de artillería reactiva BM-13 ("katiuskhas"). En 1939-1941, la industria de guerra produjo 105 mil fusiles ametralladoras, ametralladoras pesadas y de gran calibre, cerca de 100 mil pistolas ametralladoras y 82 mil cañones y morteros. La Marina de Guerra de la URSS, en la víspera de la contienda (junio de 1941) recibió considerable número de grandes unidades de combate. Disponía de 3 buques de línea, 7 cruceros, 59 líderes y destructores, 218 submarinos, 269 lanchas torpederas y 2. 581 aviones. Las Fuerzas Armadas de la URSS crecieron numéricamente. Hacia mediados de 1941, el total de los efectivos del ejército y la marina pasó de 5 millones de hombres, superando en 2,8 veces el nivel de 1939. Sin embargo hacia el verano de 1941 en que Alemania penetró en la URSS, no se había conseguido aún culminar el reequipamiento técnico del ejército y la flota [610].

El acuerdo de no intervención en la guerra civil de España fue suscrito a fines de agosto de 1936 por 27 Estados europeos, incluida la Unión Soviética. El acuerdo preveía la prohibición de la exportación y del tránsito de armas con destino a España. Sin embargo, incluso después de concertado el convenio, Alemania e Italia, además de seguir suministrando armas y municiones a las tropas del general Franco (principalmente a través de Portugal) enviaban unidades militares enteras a España [611].

La Unión Soviética pasó a prestar a la República Española una ayuda que no era sólo de carácter moral y político, sino también material. Se dirigieron a España buques soviéticos cargados no sólo de víveres, medicamentos y ropa para la población, sino asimismo de armas compradas por el Gobierno de la República. Voluntarios soviéticos -pilotos, tanquistas y artilleros- fueron a ayudar al pueblo español a defender su libertad y lucharon heroicamente, sin escatimar la vida, contra los fascistas.

Submarinos y aviones de "nacionalidad desconocida" atacaban los buques de la URSS, Inglaterra, Francia y algunos países más. Durante dos días (el 31 de agosto y el 1 de septiembre de 1937) fueron hundidos dos buques soviéticos: Timiriázev y Blagóev [612].

La Unión Soviética no pudo evitar la derrota de la República Española. Pero su actuación en la arena internacional en apoyo de la justa causa del pueblo español contribuyó a la cohesión de las fuerzas de la democracia y mostró a todo el mundo el papel de vanguardia del primer Estado socialista en la lucha contra el fascismo [613].

El 2 de junio de 1939, la URSS propuso a Francia y Gran Bretaña un pacto de inmediata ayuda recíproca en caso de agresión a Francia, Gran Bretaña y URSS, o a uno de estos 8 países: Bélgica, Grecia, Turquía, Rumania, Polonia, Letonia, Estonia y Finlandia. También proponía la URSS la ayuda de los tres países del pacto a otro Estado europeo que la hubiese pedido a fin de impedir la violación de su neutralidad [614].

Mientras tanto, entre bastidores, la diplomacia británica ya había iniciado en julio negociaciones con representantes alemanes para resolver todos los problemas en litigio mediante el reparto de las esferas de influencia de los dos países y al final, las posturas de Francia y Gran Bretaña en relación al pacto propuesto por la URSS, quedaron reducidas a generalidades formales [615].

En esta situación, el Gobierno de Alemania, temiendo no disponer aún de suficientes recursos militares y económicos para derrotar a la Unión Soviética, propuso al Gobierno de la URSS la conclusión de un pacto de no agresión. En la nueva situación creada con motivo del fracaso efectivo de las negociaciones con Gran Bretaña y Francia, la Unión Soviética, sintiéndose en peligro de aislamiento, se vio forzada a aceptar la propuesta de Alemania. El 23 de agosto de 1939 se firmó el tratado soviético-alemán de no agresión.

El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadía la frontera polaca y comenzaba la II Guerra Mundial. Francia y Gran Bretaña, no se pudieron quedar al margen y el 3 de septiembre declararon la guerra a Alemania. [616]

El 17 de septiembre, las tropas soviéticas cruzaron la frontera oficial soviético-polaca y, avanzando hacia el Oeste, llegaron a la línea que correspondía aproximadamente a la de Curzon. Se puso coto al avance de las fuerzas germanas.

En septiembre de 1939, el Gobierno soviético propuso a los tres Estados del Báltico la conclusión de tratados de ayuda mutua con la URSS. Se celebraron negociaciones, y a fines de septiembre y principios de octubre fueron suscritos los tratados soviético-estonios, soviético-lituano y soviético-letón, en los que se preveía la prestación recíproca de toda clase de ayuda, incluida la militar, en el caso de agresión o de peligro de agresión por parte de alguna gran potencia europea. La Unión Soviética recibió el derecho de crear en los territorios de Estonia y Letonia bases para las fuerzas navales y aeródromos, y en el territorio de Lituania, el derecho de tener allí, en ciertos puntos, fuerzas armadas de tierra y aire.

Según el tratado con Lituania, la Unión Soviética entregó a la República Lituana su antigua capital Vilnius y la región del mismo nombre, ocupadas en 1920 por las tropas polacas y liberadas en septiembre de 1939 por el Ejército Rojo [617].

El 30 de noviembre de 1939, el Gobierno de Finlandia declaró oficialmente la guerra a la Unión Soviética después de diversos incidentes fronterizos. A iniciativa de Gran Bretaña y Francia, la Sociedad de las Naciones, que en toda su historia jamás había expulsado de sus filas a un solo agresor, expulsó urgentemente la Unión Soviética con motivo del conflicto soviético-finlandés. Francia, Gran Bretaña y EEUU dieron ayuda militar y financiera a Finlandia y el New York Times el 30 de diciembre de 1939, indicó que la guerra soviético-finlandesa podía llevar a la creación de un frente único contra la URSS.

Pero el Ejército Rojo rompió las fortificaciones finlandesas y ocupó una franja fronteriza. El 12 de marzo de 1940 se firmó un tratado de paz, la frontera se desplazó unas decenas de kilómetros hacia el interior de Finlandia en el istmo de Carelia y en algunas zonas más. Con ello se reforzó la seguridad de Leningrado, Múrmansk y el ferrocarril de Múrmansk y en la entrada de golfo de Finlandia, la URSS obtuvo la posibilidad de construir una base naval. Finlandia dejó en arriendo a la Unión Soviética el territorio de la península de Hangó para la base naval por un plazo de 30 años al precio de 8 millones de marcos finlandeses anuales.

Hacia el verano de 1940, Francia había capitulado y se hallaban bajo el control directo de los fascistas alemanes e italianos países con una población total de alrededor de 220 millones de habitantes [618].

En abril de 1941, la URSS llevó a cabo el pacto de neutralidad con el Japón, que reforzó en cierta medida la seguridad de la Unión Soviética en el Extremo Oriente y alteró los planes de agresión simultánea a la URSS en el Oeste y el Este [619].

La reiteración por parte de los soviéticos de que "al instaurarse el nuevo régimen social, estos pueblos podían pasar al socialismo soslayando el camino capitalista de desarrollo" en este caso se refiere a los pueblos que estaban dentro de la URSS. Sin embargo, las experiencias habidas hasta el presente muestran que los pueblos atrasados no sólo necesitan para liberarse que el estado pueda estar en manos de un Partido Comunista. Necesitan también un proceso en el cual puedan educarse sobre una práctica social que puedan asumir. La mente humana y sus costumbres no cambian con la misma celeridad que pueden cambiar las condiciones materiales de vida. Ello es lo que explica que pueblos que han estado gobernados por un estado de dictadura del proletariado durante largo tiempo, hayan podido asumir el capitalismo y otras ideologías reaccionarias como el islamismo, cristianismo y todo tipo de religiones con tanta naturalidad.

Ello demuestra que independientemente del estado que exista, las costumbres forjadas por siglos no pueden ser eliminadas en corto tiempo y ello exige que el proceso de transformación material y espiritual sea dirigido por un partido comunista pero también que los propios pueblos posean (y se les permita) suficiente iniciativa para hacerlo suyo.

Por otro lado, la afirmación de la Academia de Ciencias de la URSS de que en 1927, a pesar del "crecimiento absoluto de los kulaks en el campo y de la burguesía, en la ciudad su proporción general decreció, mientras que se elevaron la proporción de la clase obrera y su ligazón con la masa fundamental de los campesinos y se robusteció la dictadura del proletariado", si esa afirmación correspondía con los hechos, demuestra dos cosas. Una, que el poder soviético no estaba en peligro por la existencia de los kulaks, y dos, que la NEP lejos de ayudar a crear un peligro para el socialismo, había ayudado a fortalecer la dictadura del proletariado en la URSS.

Respecto al viraje del campesinado para crear cooperativas (koljoses) en detrimentos de los kulaks, en varias ocasiones la Academia de Ciencias de la URSS indica el carácter violento de la expropiación de los kulaks debido a la oposición de estos. Y surge la duda de si los medios, aunque reducidos, que el estado tenía, la financiación, el crédito, los medios de producción, se usaron en grado suficiente (y posible) para reducir el radio de acción de la acción violenta contra los kulaks.

Es significativo el reconocimiento de que para 1.930 se habían dado muchos casos (hasta un 15%) de actos violentos contra los propios campesinos para obligarles a entrar a formar parte de las cooperativas koljosianas o expropiarles como a los kulaks. Esos actos violentos y reclutamiento forzoso de campesinos que suponía la militarización de la producción, no cabe duda que tuvieron gran importancia en la poca productividad del campo reconocida por la Academia de Ciencias y también debilitó la colaboración entre las dos clases del estado soviético, proletariado y campesinado.

De hecho, tales actuaciones denotaban que dentro del PCUS había sido asumida en la práctica la idea errónea y los métodos erróneos, de que había empezado la "construcción del comunismo", intentando eliminar por la fuerza los sectores pertenecientes al campesinado como clase diferenciada al proletariado.

Que el tratamiento dado por los comunistas soviéticos al tema agrario no era excesivamente correcto, lo demuestra el reconocimiento de que "el problema cerealista no se había resuelto aún en la URSS antes de la guerra" (1941), es decir, después de 24 años de dictadura del proletariado.

La posición de Trotski de pretender una "superindustrialización" rápida a costa de los impuestos a los campesinos, y bajar el ritmo de producción después, hasta que el proletariado europeo se decidiera a tomar el poder, confirma y reitera la mentalidad burocrática de Trotski, y su pánico al gran esfuerzo que suponía el desarrollo a marchas forzadas en un escenario internacional completamente hostil. Aunque a pesar de rechazar la posición de Trotski, el PCUS basó la industrialización en las aportaciones del medio rural, la intención de Trotski de una "superindustrialización" a costa de los campesinos, de haberse materializado, habría supuesto una mayor agudización aún de la lucha de clases en el campo.

Su oposición, junto con Kámenev y Zinóviev al plan del PCUS de industrialización de la URSS y a la construcción del socialismo en un solo país, demostró la debilidad ideológica del trotskismo y su falta de entereza.

La aplicación práctica del criterio de distribución de Marx "a cada cual según su trabajo" tuvo su mejor expresión con la extensión de la especialización y la división del trabajo que produjo a partir de 1935 el estajanovismo surgido espontáneamente y que aumentó la productividad en la industria y enorme beneficio material y espiritual para los trabajadores, y ello tuvo enorme importancia positiva. Lamentablemente tal espíritu, en la última etapa de la URSS se perdió por completo. Contribuyó a ello la idea antimarxista de que el incentivo material privado era el germen del aburguesamiento, confundiendo la propiedad de los medios de producción con la propiedad privada de los bienes de consumo, confusión que ya había sido criticada por Lenin en su polémica con los "amigos del pueblo".

Extremadamente interesante es el reconocimiento de la Academia de Ciencias de la venta por 140 millones de yenes del "Ferrocarril del Este de China" al gobierno títere de Manchou-Guó al servicio de Japón, con el fin de aplacar a éste. Decir que dicho ferrocarril era "perteneciente a la Unión Soviética" significa ocultar que parte del territorio era chino y ocupado de hecho primero por la Rusia zarista y después por Japón.

Incluso aunque la URSS o Rusia sostuviera que el territorio le pertenecía legítimamente, el hecho de vender el ferrocarril al gobierno Manchou-Guó, títere de Japón, que estaba ocupando mediante las armas el territorio chino, no deja de ser un reconocimiento de que la Unión Soviética entonces utilizó la base de un patrimonio ajeno en su propio beneficio.

Evidentemente, la actitud de los militaristas japoneses y la necesidad de la URSS de retrasar la guerra, podría justificar su actitud, pero ese caso es un ejemplo de que la política internacional de un país socialista ha de ser flexible y adecuada a las circunstancias tanto favorables como desfavorables y no lanzar improperios de "imperialista" a un país socialista para cubrir las propias vergüenzas. Más adelante, en el apartado sobre el papel de la URSS en la ONU, analizaré el papel de la URSS en el Consejo de Seguridad en relación con su comportamiento práctico a nivel internacional. Quizá así se podrá entender mejor el verdadero significado de los famosos "120 vetos" de los que habla el KKE y explicarse por qué China no puede vetar todas las resoluciones que a nuestros dogmáticos reformistas les "gustaría" que fueran vetadas.

En el mismo sentido, hay que comentar el "Tratado de no agresión" suscrito por la URSS en agosto de 1937 con la China "nacionalista" de Chiang Kaishek. En 1938 y 1939, la URSS concedió a China préstamos por valor de 250 millones de dólares, 600 aviones, 1.000 cañones y obuses, 8 mil ametralladoras y otros pertrechos de guerra y más de 100 pilotos voluntarios soviéticos.

Si viéramos esos hechos bajo el mismo prisma que utilizan los dogmáticos para atacar a China, se podría decir que esas armas y dinero entregada por la URSS al Kuomintang de Chiang Kaishek, a excepción de los pilotos soviéticos, no sirvieron principalmente para luchar contra Japón, sino para las campañas de "cerco y aniquilamiento" contra los comunistas chinos. Pero en honor de la verdad y según constatan los propios chinos, hay que decir que posteriormente, la URSS prestó valiosa ayuda al Partido Comunista de China.

Acerca de la política diplomática de la URSS para intentar retrasar la guerra, en los años previos a la Gran Guerra Patria, se pone de relieve la gran maestría revolucionaria de Stalin, absolutamente contraria a la crítica generalizada contra Stalin que hizo Kruschev durante el XX Congreso del PCUS en 1956.


[586] Historia de la URSS, tomo II, pag. 184, Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1979
[587] Ídem, pág. 187. [588] Ídem, pág. 188. [589] Ídem, pág. 189. [590] Ídem, pag. 190. [591] Idem, pág. 191. [592] Ídem, pág. 192.
[593] Ídem, pág. 196. [594] Ídem, pág. 198. [595] Ídem, pág. 205. [596] Ídem, pág. 206. [597] Ídem, pág. 207. [598] Ídem, pág. 209.
[599] Ídem, pág. 210. [600] Ídem, pág. 215. [601] Ídem, págs. 222-223. [602] Ídem, pag. 226. [603] Idem, pág. 230. [604] Ídem, pág. 231.
[605] Ídem, págs. 233-234. [606] Ídem, pág. 276. [607] Ídem, pág. 253. [608] Ídem, pág. 255. [609] Ídem, pág. 256. [610] Ídem, pag. 257.
[611] Idem, pág. 272. [612] Ídem, pág. 273. [613] Ídem, pág. 274. [614] Ídem, pág. 278. [615] Ídem, pág. 279. [616] Ídem, pág. 280.
[617] Ídem, pág. 281. [618] Ídem, págs. 282-283. [619] Ídem, 284.

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