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El independentismo catalán se consolida, las "vanguardia del proletariado" se automarginan


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Por segunda vez un 11 de septiembre, una enorme movilización de cientos de miles de personas (1.600.000 personas según la Generalitat) ha respaldado el independentismo en Catalunya. La convocatoria de Via Catalana por la independencia ha superado la movilización del año pasado, formando una cadena humana en Catalunya, en ocasiones de varios cordones, de más de 400 km. y grandes concentraciones de miles de personas en puntos emblemáticos en las ciudades, especialmente en diferentes barrios de Barcelona.

La cadena ha penetrado en el Paìs Valenciá a pesar de los controles y registros de la Guardia Civil para impedir el paso a la provincia de Castelló de vehículos provenientes de Catalunya, limitando con sus antidisturbios la cadena humana a 400 metros dentro del Paìs Valenciá y deteniendo a dos personas que luego fueron puestos en libertad.

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Ese mismo celo represivo en el País Valenciá, se convirtió en absoluta falta de vigilancia en Madrid en la sede de la Generalitat de la capital de España para impedir el asalto (previsible) de unos 20 fascistas que, imitando los mercenarios sirios, vaciaron dos botes de gas (lacrimógeno) que provocaron diversos heridos, entre ellos varios niños pequeños.

En la Via Catalana per la Independència estuvieron ausentes los partidos que se autoproclaman "marxistas-leninistas" PCPE-PCOE, demostrando con ello una vez más que están totalmente al margen de la realidad social que se manifiesta en todo el estado español. Ambos partidos están en las antípodas de las posiciones de Lenin y Marx sobre la cuestión nacional.

En "Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación", decía Lenin:

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"La clase obrera es la menos llamada a hacer un fetiche de la cuestión nacional, porque el desarrollo del capitalismo no despierta necesariamente a todas las naciones a una vida independiente. Pero, una vez surgidos los movimientos nacionales de masas, deshacerse de ellos, negarse a apoyar lo que en ellos hay de progresivo, significa caer, en realidad, bajo la influencia de prejuicios nacionalistas, es decir, considerar a "su propia" nación como "nación ejemplar" (o añadiremos nosotros, como nación dotada del privilegio exclusivo de organizarse en Estado)".[52]

En suma, los comunistas no deben crear el sentimiento nacional, pero una vez este arraiga en el pueblo hay que llevar el proceso hasta el final, precisamente para eliminar el "velo nacionalista" sobre la lucha de clases.

La justificación de esas organizaciones para mantenerse al margen del proceso independentista en Catalunya y otras nacionalidades del estado, consiste en que ellos consideran que la autodeterminación de Catalunya solo se puede realizar en un proceso revolucionario a nivel estatal de toma del poder por parte de la clase obrera.

Ese mecanicismo, muy propio de los dogmáticos, no tiene en cuenta la realidad histórica ni el proceso desigual de toma de conciencia de las masas.

Con respecto a la realidad histórica, los dogmáticos debieran recordar, ya que tan "fervientes adoradores" son de la revolución soviética, que la URSS no se formó a toque de pito en octubre de 1917.

En diciembre de 1922, se creó la URSS [575]. Poco después Stalin preparó un proyecto de unificación de las repúblicas, conocido como "plan de autonomización": las repúblicas de Ucrania, Bielorrusia, Armenia, Azerbaidzhán y Georgia entraban en la Federación Rusa como repúblicas autónomas. Según ese proyecto, los organismos supremos de poder de la RSFSR (la Federación Rusia soviética) se convertían en organismos supremos de poder de toda la Unión.

Ello fue impedido por Lenin, a pesar de encontrarse enfermo, que al enterarse de la propuesta de Stalin, propuso la formación de la URSS en igualdad de condiciones para todas las Repúblicas soviéticas, conservando cada una de ellas el derecho a separarse libremente de la Unión. [576] En enero de 1924, el II Congreso de los Soviets de la URSS aprobó definitivamente la Constitución de la URSS [577].

Como se hizo constar en los acuerdos del XII Congreso del PC (b) de Rusia, la Unión de Repúblicas, creada sobre la base de la igualdad y la voluntariedad de los obreros y campesinos de las diversas repúblicas, era la primera experiencia del proletariado en la regulación de las relaciones internacionales entre países independientes y el primer paso por el camino de la creación de la futura República Soviética mundial del trabajo [578]. Hacia fines de 1925, formaban la URSS 6 repúblicas socialistas federadas, 15 repúblicas socialistas autónomas y 16 regiones autónomas. [579].

En septiembre de 1939, el Gobierno soviético propuso a los tres Estados del Báltico la conclusión de tratados de ayuda mutua con la URSS. Se celebraron negociaciones, y a fines de septiembre y principios de octubre fueron suscritos los tratados soviético-estonios, soviético-lituano y soviético-letón, en los que se preveía la prestación recíproca de toda clase de ayuda, incluida la militar, en el caso de agresión o de peligro de agresión por parte de alguna gran potencia europea. La Unión Soviética recibió el derecho de crear en los territorios de Estonia y Letonia bases para las fuerzas navales y aeródromos, y en el territorio de Lituania, el derecho de tener allí, en ciertos puntos, fuerzas armadas de tierra y aire.

Según el tratado con Lituania, la Unión Soviética entregó a la República Lituana su antigua capital Vilnius y la región del mismo nombre, ocupadas en 1920 por las tropas polacas y liberadas en septiembre de 1939 por el Ejército Rojo [617].

Es decir, la URSS se formó 5 años después de derrocado el gobierno provisional, y Lenin tuvo que rechazar la propuesta de Stalin de someter en la práctica a las repúblicas soviéticas a la federación Rusa y el año 1924 se aprobó la constitución de la URSS en la que se reclamaba igualdad de condiciones para todas la repúblicas y posibilidad de separarse a aquella que así lo desease en el futuro.

Gracias a esa actitud democrática del poder soviético con todas las repúblicas independientemente de la mayor o menor influencia de las comunistas en ellas, se pudo materializar y extender la URSS antes y después de la Gran Guerra Patria. El criterio leninista de avanzar en la unidad entre naciones anteriormente dominadas por el zarismo, mediante la convicción de la práctica, fue lo que posibilitó entre otras cosas la victoria en la guerra.

Ello debiera servir de lección a los dogmáticos, que entre otras cosas, desconocen la historia que tanto adoran desde su místico altar.

En la lucha por la independencia nacional de todos los pueblos bajo el estado español que lo hayan asumido, "negarse a apoyar en ellos lo que hay de progresivo" como decía Lenin, supone en la práctica "descargar" al estado español de su carácter "opresor de otras naciones", pues ¿de qué sirve el reclamo de "derecho de autodeterminación" en un papel, si en la práctica no se va unido con las masas en pos de ello, cuando estas salen a la calle en más de millón y medio de personas?

¿Acaso no es progresivo romper con un estado sucesor del franquismo, putrefacto hasta la médula y abrir la posibilidad a los comunistas (si trabajan en ello junto a las masas) de moldear la construcción de la nueva sociedad, e impedir la integración en los mecanismos imperialistas europeos y estadounidenses, y avanzar en la unidad combativa junto a la clase obrera y pueblos del resto del estado y Europa?

¿No es en la práctica, actuar al margen de la realidad social del independentismo allí donde este ya ha arraigado en el pueblo, el mejor modo de entregar la dirección del movimiento independentista a las diferentes burguesías nacionales?

No es sólo garantizar el final socialista del proceso, que podrá materializarse o no según la influencia de los comunistas en las masas. Es educar en el proceso a las masas a partir de las propias experiencias de lucha que estas van adquiriendo, y en la que también cuenta decisivamente, unida a ello, la influencia y construcción del partido comunista que hoy no existe. Esas necesarias experiencias de lucha de las masas no puede ser de ninguna manera sustituido por ningún partido. No entender esto es no entender lo básico del marxismo, la diferencia entre realidad objetiva y sujeto (el partido) revolucionario que debe transformarla.

Por otro lado, la lucha por la defensa del derecho a decidir, entronca perfectamente con una realidad social que solo un partido comunista puede llevar a la práctica. Se trata de llevar el derecho de autodeterminación, no sólo al conjunto de la nación catalana, vasca, canaria o gallega, sino también a cada fábrica y barrio obrero y popular, construir el poder popular combativo y electo en cada barrio a partir de las Asociaciones de Vecinos, que son las entidades tradicionales del movimiento popular y que hoy están secuestradas y paralizadas por los servidores del capital monopolista y de las burguesías nacionales.

Convertir cada barrio en una Asamblea Popular de lucha, gestión y elección democrática, cuyos representantes revocables en cada Asamblea sean elegidos en lista abierta y unitaria por todos los vecinos, para garantizar incluso electoralmente las movilizaciones de masas por la consecución de todas las reivindicaciones populares, paro, urbanismo, impuestos, educación, sanidad, libertades, cultura, deporte, defensa del pueblo.

En suma, crear los gérmenes del poder popular soberano, asentado mediante la lucha y los votos del pueblo, para impedir que el poder de las Televisiones en manos del poder económico y político de la burguesía controle la actividad y la conciencia de las masas y su futuro partido y la represión policial y militar de la burguesía puedan actuar impunemente.

Esa tarea solo es posible mediante un Partido Comunista unido a los problemas reales de la gente. Y cuando el sentimiento nacional es una manera de ver la solución a dichos problemas, un partido comunista que lo sea tiene la absoluta obligación de involucrarse en ello para convencer a las masas mediante el constante y diario ejemplo práctico de lucha de sus militantes ante ellas y con ellas .


Notas en el libro "El dogmatismo, la otra cara del oportunismo", www.socialismocientifico.com

[52] Lenin, Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación", Obras Escogidas, tomo I, pág. 352, Editorial Progreso, Moscú 1961.

[578] Historia de la URSS, tomo II, pag. 146, Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1979.

[579] Ídem, pág. 149.

[617] Ídem, pág. 281.