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La autodeterminación y los comunistas, hoy


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Entre finales de los años 60 y primeros años de los 70 del siglo pasado, en España comenzaron a desarrollarse dentro del movimiento obrero dos partidos marxistas leninistas, el Partido del Trabajo de España, anteriormente PCE (i), y la Organización Revolucionaria de Trabajadores.

Este es un hecho ocultado por los dirigentes ultra-soviéticos (hoy abanderados de un "marxismo-leninismo" doctrinario) por dos motivos: 1) Porque entonces estaban dentro del PCE, colaborando con la "reconciliación nacional" que llevo a España a la reforma del franquismo y aún no están dispuestos a reconocer su propia historia. No solo no lo han reconocido sino que han creado historias falsificadas de sus organizaciones actuales. 2) Porque su escasísima actividad dentro del movimiento obrero consistía en colaborar con las posiciones claudicantes del PCE y escribir papeles contra los "maoístas". Más o menos, igual que hoy.

Aquellas dos organizaciones, PTE y ORT, que eran la izquierda revolucionaria más importante de Europa, comenzaron a degenerar hasta desaparecer en el momento que no fueron capaces de romper con el seguidismo hacia la "revolución cultural" (ORT) o bien trasladaron su tutela de China a Rumanía (PTE). Esa errónea dependencia exterior les llevó a perder el contacto de lucha con la entonces combativa realidad social de España y esto los convirtió en partidos electoralistas.

Pero lo que interesa remarcar aquí y ahora es que esas dos organizaciones marxistas leninistas, que se unieron cuando ya habían abrazado el oportunismo, en la medida que conseguían aumentar su implantación en las luchas obreras y populares, en su primera época, consiguieron un fenómeno singular en las zonas de España donde el sentimiento nacional estaba agudizado por la represión fascista. En Euskadi incluida Navarra, muchos militantes y simpatizantes de ETA entraban en PTE y ORT porque llegaron a ver que estos les ofrecían un camino mucho más posible tanto para liberación de clase como para la liberación nacional. De esa manera la reivindicación nacional se mantuvo unida a la necesidad de derrocar el sistema capitalista, incluso por organizaciones políticas de la izquierda abertzale, que culminó en la fundación de HASI.

Es obvio que la situación de hoy es completamente diferente, estamos aun pagando el precio de aquella dependencia política exterior, pues los actuales dependientes, creen que han resuelto el problema continuando como en el pasado lanzando anatemas contra lo que ellos llaman (sin saber de lo que hablan) "maoístas", y poniéndole velas y botafumeiro a la antigua URSS, es decir dependiendo hoy de una experiencia histórica con enormes éxitos y aportaciones y también errores y que hoy ya no existe, que terminó fracasando debido a ser la primera experiencia histórica de construcción socialista. Pero lo esencial de nuestros dogmáticos actuales es que pretenden aplicar una estrategia revolucionaria de otro país a España, confundiendo ideología con política, y la necesaria identidad ideológica con la necesaria diferencia política adecuada a cada realidad histórica de cada estado.

Con tales deformaciones del marxismo, convertidas en supuestos "principios marxistas leninistas", es lógico que la lucha de la clase obrera en España, esté hoy oculta por el velo del nacionalismo. Pero los comunistas no pueden escoger una realidad adecuada a sus intereses, sino al revés, han de partir en todo momento, como decía Marx, de la realidad existente ante sus ojos. Por ello, las organizaciones que se apartan de la lucha de las masas con el pretexto de que dichas movilizaciones no siguen posiciones revolucionarias, en realidad no hacen más que declarar solemnemente que ellos no están dispuestos a transformar la realidad social, y por tanto, niegan la construcción del partido.

Si las movilizaciones de las masas espontáneas siguieran posiciones revolucionarias no haría falta el partido comunista, es únicamente este con su presencia junto a las masas, unidad y lucha constante y diaria, el que puede dotar de ese carácter la lucha de las masas. Por tanto, dichos señores hacen un canto al espontaneismo esperando que algún día éste tenga carácter revolucionario y hacen al mismo tiempo una negación del papel de vanguardia del partido.

Los comunistas no pueden esperar a la toma del poder para apoyar e imponer en la práctica el derecho de autodeterminación. Allí donde el pueblo se levanta en pos de ese derecho democrático, las organizaciones que, con múltiples subterfugios, se colocan al margen, se sitúan a la vez en la trinchera del enemigo, pues en los momentos claves de la lucha de las masas, la abstención en el combate del elemento consciente, supone en la práctica una colaboración con el sistema imperante.

Es evidente, que sin la dirección de los comunistas esa lucha nacional, será tutelada y manipulada por la burguesía y el imperialismo, pero en todas las circunstancias el pueblo ha de aprender en su propia experiencia para conseguir liberarse del yugo. La construcción del partido comunista debe darse en función también de esa lucha, no al margen y en contra de esa lucha nacional, con las lecciones que ello depare, a pesar incluso de que ésta termine momentáneamente en fracaso.

El mero intento de independencia en Catalunya aunque supone una radicalización del nacionalismo español y catalán, también a la larga supone agudizar las contradicciones de clase en todo el estado. La pérdida de un 20% del PIB, un 23% de las exportaciones, y un 25,8% del turismo extranjero que representan Catalunya en España, es algo que obligaría a medio plazo a los sectores populares de España a impulsar su lucha contra el capital monopolista, incluso aunque la independencia quedara solo en una concesión a Catalunya de un pacto fiscal que evitara la sangría de 16.000 millones de euros anuales que marchan para no volver y determinados aspectos formales, ello también sería un revulsivo para el enfrentamientos de zonas como Euskadi, Galicia, Canarias, Andalucía, entre otras, para romper con una relación con el estado español que los somete a la ruina. También el capital monopolista europeo intervendría de una u otra manera y es de prever que los anglosajones no quedarían con los brazos cruzados.

Sólo un estado socialista en lo que hoy es el estado español, puede garantizar un pleno derecho de autodeterminación en los diferentes pueblos. Solo ello podrá impedir que potencias extranjeras aprovechen la lucha independentista para hacerla depender de sus intereses. De hecho, la burguesía y pequeña burguesía catalana ya están realizando sus cambalaches intentando venderse a los intereses del capital monopolista europeo y/o estadounidense. Pero eso no puede significar obviar todo el proceso desde los actuales puntos de partida, pretendiendo suplantar la voluntad de las masas en la calle.

La cuestión esencial es que el combate actual, si se realizara con la influencia de los comunistas, posibilitaría ir rompiendo los lazos ideológicos y políticos con el capital monopolista español, comprendiendo la clase obrera en esa lucha el verdadero carácter tanto de sus aliados estratégicos y tácticos como de su enemigo principal. Por ello no se puede perder de vista que el estado del capital monopolista e imperialista español es hoy el enemigo principal, porque no tener claro que ello es así, supone perder el norte de la lucha de clases confundiendo el estado español actual con las burguesías nacionalistas, algo a lo que tan aficionados son las organizaciones del trotskismo "oficial", al igual que el PCPE o el PCOE.

El futuro estado socialista de lo que hoy es el estado español, puede formarse mediante la unión voluntaria de diversas repúblicas socialistas de las actuales nacionalidades. Los tiempos y el proceso dependen de muchos factores, pero tendrán estrecha relación con el proceso de construcción de un único partido comunista que aún está por crear.

Gracias al camarada Teodoro Santana del PRCC, he tenido acceso a una interesantísima información: El 3 de marzo de 1934, se constituyó el Frente Único Revolucionario de Las Palmas [1]. Participaron delegaciones de Juventudes Comunistas, Juventudes Socialistas, Federación Provincial de Sindicatos Obreros de Las Palmas, Partido Socialista y Partido Comunista. El FUR de Las Palmas fue el antecedente de la formación del Frente Popular en todo el estado.

Dicho documento de constitución establecía en su primer punto diversas reivindicaciones económicas, incluso para los soldados. En su segundo punto la abolición de deudas e impuestos para los sectores populares, la confiscación y distribución entre los necesitados de víveres de grandes almacenes, la expropiación y distribución inmediata entre obreros agrícolas y campesinos pobres de tierras de latifundios e iglesia. En su tercero, el desarme y disolución de la Guardia Civil y creación de las Milicias Obreras y Campesinas, las organizaciones monárquicas y fascistas, la expulsión de los jesuitas y confiscaciones de sus bienes en favor de los parados.

Y en punto cuarto decía así: "Por la liberación de los 14 mil presos revolucionarios, por una amplia amnistía de clase. Por la liberación de Canarias de la opresión del imperialismo español y el derecho a la autodeterminación hasta su constitución en estado independiente si tal fuese su voluntad (el subrayado es mío). Por la transformación de la guerra imperialista en guerra civil si a pesar de nuestros esfuerzos llegase a estallar. Por la concesión del voto a todos los mayores de diez y ocho años. Por la anulación de la Ley de Orden Público, Vagos y demás leyes represivas y por una amplia libertad de prensa, asociación, reunión, manifestación y huelga."

La firma del PCE en el documento como "delegación del Partido Comunista" presupone su existencia como partido único a nivel de todo el estado en España. Y ello no le impide llamar a la "la liberación de Canarias de la opresión del imperialismo español y el derecho a la autodeterminación hasta su constitución en estado independiente si tal fuese su voluntad".

¡Qué enorme lección, qué enorme diferencia con la actitud de los actuales grupos que se proclaman herederos de aquel glorioso PCE mientras escupen diariamente en su legado político, mediante su práctica despótica interna y su automarginación de la lucha por los derechos nacionales!

Partidos que ponen un nombre distinto a su sección en cada nacionalidad y región, pretendiendo aparentar una falsa atención a la peculiaridad nacional y regional, actúan en realidad confundiendo el centralismo democrático con el bonapartismo del jefe de turno para imponer sus prejuicios de "nación ejemplar" y dirigentes intocables, abortando las iniciativas de las organizaciones territoriales y de los militantes que se atreven a discutir políticamente sus decisiones arbitrarias.

El documento de 1934 del PCE demuestra que el reconocimiento y defensa de la lucha de liberación nacional, no solo es compatible con el partido único, sino que ello son dos aspectos complementarios y mutuamente necesarios. Estamos bajo un único estado, por tanto, los comunistas necesitamos todas las fuerzas oprimidas bajo ese estado, estrechamente unidas y organizadas bajo un mando único (independientemente del nombre que adquiera en cada territorio) para conseguir tanto la liberación social como la nacional. Es la única manera de impedir de las sucesivas derrotas del movimiento popular y con un programa general aceptado en la práctica, definido en sus principios y estrategia.

Pero para que esa unidad férrea del partido que deberá dirigir el proceso revolucionario sirva para su objetivo, la sana iniciativa de cada militante comunista ha de ser respetada a todos los niveles y las diferencias no pueden ser aplastadas. Hay multitud de veces que las diferencias en la lucha solo se pueden resolver mediante el paso del tiempo durante años.

Ello fue lo que ocurrió con multitud de diferencias políticas que Lenin y la mayoría del CC, mantuvo en el interior del partido con otros camaradas. Quizá la más clarificadora fue la actuación del partido bolchevique respecto a Zinóviev y Kámenev.

El 18 de octubre de 1917, en el periódico semimenchevique Nóvaya Zhizn ("Vida Nueva"), Kámenev, en nombre suyo y en el de Zinóviev, hicieron público el acuerdo del CC del partido, tomado 8 días antes con el voto en contra de los dos, acerca de la insurrección inmediata. Lenin, lleno de ira e indignación, exigió que se expulsara del partido a los traidores. Pero por acuerdo del CC, Kámenev sólo fue apartado del CC; a Zinóviev y Kámenev se les prohibió hacer cualquier declaración contraria a los acuerdos del CC y a la política trazada por éste. [547]. Los dos siguieron en el partido.

Hacia la convocatoria del XIV Congreso del partido en diciembre de 1925, se formó una "nueva oposición" interna con Zinóviev y Kámenev al frente, que propagada la idea de la imposibilidad de construir el socialismo en la URSS. El Congreso condenó unánimemente la "nueva oposición" y puso al descubierto su esencia trotskista [583].

En 1926, volvió a surgir la alianza de Trotski, Zinóviev y Kámenev para resucitar las fracciones internas en el partido y oponiéndose a la construcción del socialismo en un solo país, en la URSS. El Pleno del CC del PC (b) de la URSS de julio de 1926, condenó tales acciones y apartó a Zinóviev del Buró Político [591].

El 7 de noviembre de 1927, los cabecillas de la oposición intentaron salir a las calles en Moscú y Leningrado con consignas antipartido y antisoviéticas. Pero sólo consiguieron reunir unos grupitos míseros de renegados. Apoyaron al partido una poderosa manifestación en Moscú, de más de 800 mil manifestantes en Leningrado y multitudinarias manifestaciones en otras ciudades.

Sólo después de todas las anteriores acciones, el 14 de noviembre de 1927, el CC y la CCC del PC (b) de la URSS expulsaron a Trotski y a Zinóviev del partido y a los demás los apartaron de los órganos centrales, ratificado después por el XV Congreso donde fueron expulsados 77 opositores activos [592].

Durante la revolución china, en 1930, la Internacional Comunista dirigida por la URSS, debido a su influencia en los procesos revolucionarios de entonces, propuso y consiguió poner en la dirección del PCCh al grupo de los "28 bolcheviques" con Wang Ming como secretario general. Su objetivo era impulsar la insurrección armada en las ciudades, siguiendo el patrón de la Revolución de Octubre. Sin embargo, China tenía un proletariado mucho más débil y proporcionalmente menos numeroso que la URSS y los levantamientos en las ciudades supusieron graves retrocesos.

La lógica de la gran diferencia sociológica entre la Rusia zarista y la China prerrevolucionaria impuso un cambio trascendental dirigido por Mao. En Rusia en 1.913, el porcentaje de proletariado y semiproletariado con sus familias respecto a población total, era del 64,3%, mientras que en China el porcentaje de empleados y obreros con sus familias respecto a población total, ¡aún en 1.952! era sólo del 15,0% [735]

A diferencia de Wang Ming y su grupo de "bolcheviques", Mao Zedong, impulsó el desarrollo del partido en el campo, donde un enorme campesinado en la miseria y bajo atroces represiones, era el continuo caldo de cultivo de levantamientos espontáneos. Fruto de ello, fue el cambio de liderazgo años después, el inicio de la "Larga Marcha" y el cambio de estrategia para rodear las ciudades por el campo que conseguiría la toma del poder.

El que la revolución soviética y la china consiguieran la toma del poder y comenzaran la construcción del socialismo, tuvo mucho que ver con ese camino de demostrar mediante los hechos de la práctica cuál era el camino de avance como aspecto esencial, en vez de poner como principal agudizar los enfrentamientos internos en el partido, dejando la depuración política (o lo que es lo mismo, hacerle la vida imposible a los militantes "incómodos" para que se vayan) como medida extrema en los comunistas y no convertirla en una costumbre normal para fabricar déspotas.

Pero hay un origen histórico en ello. En los problemas internos de los partidos comunistas ha influido y sigue influyendo una concepción errónea que consideraba que el internacionalismo lo aportaba un centro decisorio. La historia demuestra que ello no es cierto, sino que lo aporta cada revolución socialista que se consolida. Es decir, el proceso es inverso al defendido por el Congreso de la Internacional Comunista de 1.928.

El internacionalismo no lo aportaba una dirección que mayoritariamente desconocía el día a día de todos los países que no fueran la URSS, sino el proceso de cada revolución socialista y sus victorias.

El Programa y los Estatutos de la Internacional Comunista aprobados en 1.928, en su Congreso de Moscú, decían que el proletariado internacional tenía "su estado" y "única patria" en la URSS, lo cual significaba de hecho tender centrar la lucha del proletariado de todos los países en el desarrollo y la defensa de la URSS, lo cual suponía dejar como tarea secundaria el necesario "análisis concreto de la realidad concreta" de cada país por parte de cada partido comunista.

En el Congreso de septiembre de 1.928 de la Internacional Comunista (I.C.), celebrado en Moscú, se decía en el Programa y Estatutos que la Internacional Comunista es el "Partido Comunista mundial único" y sus órganos de dirección, Comité Ejecutivo, Presídium y Secretariado Político son decisivos. Ello suponía que un pequeño número de personas compuestas por el Secretariado podían decidir sobre todas las cuestiones de todas las secciones (partidos) integrantes en la I.C., decisiones que aunque podían ser revocadas eran de aplicación obligatoria mientras no fueran rectificadas por los órganos dirigentes. Si a ello se suma el que la URSS era, según el programa, "el único estado y patria del proletariado internacional", la decisión de unos pocos dirigentes de la URSS en base a su autoridad política y moral era de obligatoria aplicación en todos los países. [4]

Aquellos planteamientos del partido bolchevique se han demostrado erróneos en la práctica durante toda la historia del movimiento comunista internacional. Y ello obliga a ser consecuentes.

Del mismo modo que un pequeño número de personas a nivel internacional no puede decidir sobre asuntos de otros países en cuya transformación no participa y desconoce, un pequeño número de dirigentes, y menos un solo dirigente estatal, una vez plasmado un programa general, no puede imponer su decisión en el desarrollo de las organizaciones territoriales, siempre que ello no afecte a las cuestiones de principio aprobadas en los congresos. La capacidad de decidir debiera recaer en los diversos niveles de dirigentes directamente afectados en el proceso de transformación de la lucha de clases. Ello impulsaría la iniciativa, la forja de los comunistas y la creación de una unidad consciente.

Sería un camino para que el internacionalismo proletario no se convierta en una coartada para justificar la propia inoperancia, como pasa actualmente en el estado español y también para que los derechos nacionales de los pueblos puedan ser materializados finalmente en toda su integridad. Especialmente ello es necesario en un estado como el español donde su unidad se ha mantenido tradicionalmente mediante la fuerza de las armas de las clases explotadoras.

Un largo camino aún por delante, después de reiterados fracasos en gran parte de los territorios del estado, pues aún parece que no hemos salido de la etapa de demolición de los viejos y crónicos errores ideológicos, políticos y organizativos, que impiden levantar un partido comunista implantado entre las masas.



[1] http://prccanarias.wordpress.com/2010/06/17/documento-revolucionario/

Las Notas a continuación son del libro "El dogmatismo, la otra cara del oportunismo, http://www.socialismocientifico.com

[547] Historia de la URSS, tomo II, pag. 35, Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1979. Nota en "El dogmatismo, la otra casa del oportunismo". http://www.socialismocientifico.com/dogmatismo-31.html

[583] Ídem, pag. 170. http://www.socialismocientifico.com/dogmatismo-35.html

[591] Ídem, pág. 191.http://www.socialismocientifico.com/dogmatismo-36.html

[592] Ídem, pág. 192.

[735] Datos comparados entre Rusia/URSS, China y EE.UU., "El dogmatismo, la otra cara del oportunismo", pág. 255. Recopilación propia de: Historia de la URSS en tres partes. Academia de Ciencias de la URSS, Editorial Progreso, Moscú 1979; Breve Historia de la economía socialista de China 1949-1984, Beijing Informa, Beijing, 1987; The World Economy de Angus Maddison, editado por el "Development Centre Studies" de la OCDE; International Historical Statistic. Africa, Asia & Oceania 1750-1993, 3rd ed., International historical statistics. Europe, 1750-1988, Basingstoke, Hants, England: Macmillan ; New York, N.Y., USA : Stockton Press, 1992, 3rd ed.; International historical statistics. The Americas 1750-1993, London : Macmillan; New York : Stockton, 1998. 4th ed., de Mitchell, B.R. http://www.socialismocientifico.com/dogmatismo-40.html

[4] Estatutos de la Internacional Comunista, Ediciones ¡Adelante!, 22 rue Otlet, Anderlecht, Bruselas.