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La mala conciencia occidental necesita fuertes pretextos


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21-6-2014

En diciembre de 1978, la III Sesión Plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista de China sentó las bases teóricas y prácticas decisivas para iniciar el proceso de reforma y apertura y la construcción del socialismo con características chinas.

A partir de ahí, China inició el camino de su modernización. Sin embargo, la inmensa mayoría de las organizaciones "de izquierdas" de Occidente, y en concreto, en España, consideraron que tal cambio para "enderezar lo torcido", en palabras de Deng Xiaoping, rectificando los errores de Mao Zedong en los últimos años de su vida, suponía el abandono por parte de China del marxismo leninismo.

Tres tendencias para camuflar la propia realidad

Tal situación, agrupó varias tendencias, aparentemente opuestas, pero con un elemento básico común, el uso de China como referencia justificativa.

Una tendencia estaba formada por las organizaciones comunistas, como el PCE, que ya habían abandonado el leninismo y la lucha revolucionaria, y vieron en la política de reforma y apertura china un abandono de los principios marxistas leninistas, y con ello, una justificación más para sus políticas de colaboración de clase de los partidos comunistas occidentales con sus estados monopolistas.

Una segunda tendencia estaba formada por las organizaciones comunistas que se auto consideraban "maoístas", que se habían mantenido teóricamente contrarias al reformismo y a la degeneración de la URSS, y vieron en la política de reforma y apertura china una restauración del capitalismo en dicho país y con ello, una justificación para el apoyo incondicional a los errores de los últimos años de Mao, y, por tanto, en el terreno de la lucha de clases, para el mantenimiento de sus políticas sectarias y dogmáticas aisladas de las masas.

Y una tercera tendencia estaba formada por los partidos "pro-soviéticos" que habían sido creados por las embajadas de la URSS, con el objetivo autoproclamado de "recuperar el leninismo" y el objetivo real de apoyar la política exterior de intervención soviética de los últimos años de la URSS, mientras mantenían la misma colaboración de clases que el PCE en la lucha de clases en España. Éstos encontraron en la política de reforma y apertura china una nueva justificación para acrecentar su tradicional odio contra China y contra su supuesta "colaboración" con el imperialismo. También esta tendencia, al igual que las dos anteriores, con ello, encontró una justificación para su nulo trabajo en la lucha de clases real en el estado español.

Moderados en el interior, exigentes hacia el exterior

Albert Recio Andreu, doctor en Economía y miembro de la junta del FAVB (Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona), me decía hace tres años que "en España no habrá un Partido Comunista mientras en China el PCCh no se cambie el nombre". Es decir, este "dirigente vecinal" consideraba que China debía abandonar la "apariencia" socialista o comunista "formal", pues la práctica real de China desprestigiaba el comunismo en España y lo hacía inviable. O sea, el tal señor venía a decir que, en la actual situación, en España no podíamos hacer nada en la construcción del partido comunista, y debíamos esperar a que el PCCh cambiara de nombre para así clarificar el panorama de la izquierda española.

Cuando yo le decía que del semi feudalismo en que estaba gran parte de China en 1949 no se podía pasar directamente al comunismo, y por tanto era comprensible que China tuviera que pasar por una larga fase primaria del socialismo en la que el sector privado y el mercado jugara un papel dinamizador, él me decía que Marx sí lo había defendido.

Se refería a la idea de Marx y Engels de que la Revolución Mundial socialista podía ser simultánea y con ello evitar a países como Rusia pasar por las "horcas caudinas" del capitalismo. Posibilidades estas que fueron posteriormente descartadas por Lenin en su polémica con los socialistas utópicos, los "amigos del pueblo", al ver cómo el capitalismo ya se había instaurado en el campesinado ruso, haciendo imposible el tránsito de la vieja "comunidad rural" a una sociedad socializada sin pasar por el capitalismo. [1]

Pedir que China salte al vacío izquierdista o se desprestigie, mientras se defiende la legalidad monopolista española

Pero lo que el doctor en economía y dirigente de la FAVB, Albert Recio, ocultaba con su medias verdades, que son los peores mentiras, era que cuando Marx planteaba la posibilidad de pasar de la comunidad rural en Rusia a la construcción del comunismo sin pasar por el capitalismo, lo hacía a condición del apoyo fundamental del proletariado revolucionario occidental instaurando los estados proletarios en Occidente. Al final del "Prefacio a la segunda edición rusa de 1892 del Manifiesto Comunista", se dice:

"Cabe, entonces, la pregunta: ¿podría la comunidad rural rusa -forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra- pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente? La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen (el subrayado es mío), la actual propiedad común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista". [2]

Es evidente, que el antes proletariado revolucionario occidental, no sólo no se levantó contra sus estados, sino que gran parte de él, de la mano de los traidores de la II Internacional, asumieron el chovinismo nacional y se convirtieron en los grandes defensores de la primera guerra imperialista mundial. Y lo que es peor, ese mismo sector del proletariado, hoy convertido en aristocracia obrera en España, del que el sr. Albert Recio puede ser un calificado representante, sigue siendo el sostén del sistema imperialista y su legalidad burguesa para impedir el "derecho a decidir" en cada barrio, sometiendo a las AA.VV. al corsé de unos Estatutos que impiden el sufragio universal para elegir a sus representantes revocables en Asambleas soberanas que luchen y movilicen a los vecinos por todos los problemas inmediatos, sociales y políticos que afectan al pueblo; que impiden unas Asociaciones de Vecinos abiertas y Asamblearias que unifiquen todo el movimiento de protesta popular, (actualmente disperso en miles en entidades "autónomas"), a partir de los problemas reales de la gente hasta convertirlas en órganos de poder popular de base unitarios.

Lo cual no les impide a dichos señores pronunciarse a favor de actos radicales de democracia directa que hacen otros, eso sí sin tocar ni un milímetro el chirinquito organizativo cerrado de "sus" Asociaciones de Vecinos y legalidad institucional.

Crean apartheid's "civilizados" para el enfrentamiento social

Pues bien, unos meses después de aquella conversación en la que el dirigente de la FAVB decía que sin el cambio de nombre por parte del PCCh no se podría levantar un partido comunista en España, la junta de la FAVB en la que dicho señor estaba y está, enviaba a la AVV. de Verdum una delegación formada por Pep Ortiz, coordinador de Nou Barris y un "asesor legal" para impedir un proceso para elegir la junta por sufragio universal abierto a todos los vecinos que lo desearan para romper el marasmo corrupto en la que estaba inmersa la entidad. La explicación de dichos representantes de la FAVB era que "la ley no lo permite".

Este ejemplo muy concreto puede sumarse al más global de la práctica política seguida por la dirección del PCE durante la reforma del franquismo: Hacer primero progresivamente de rompehuelgas para después aducir que la reforma era lo único que se pudo conseguir por la falta del empuje popular que ellos mismos aniquilaron.

Cuando no hay otra salida, el estado y sus acólitos acceden a permitir determinadas acciones contrarias al sistema siempre y cuando estas queden aisladas de la gran masa de la población que sólo pueden movilizar las Asociaciones de Vecinos por su cercanía a los problemas concretos. Siguiendo el ejemplo de Alemania, se trata de crear auténticos apartheid's de la confrontación social en los que los movimientos de okupas se limiten a la gestión de su "espacio" pero no se involucren en el día a día de los problemas reales de la gente común.

Por todo ello, en realidad, propagar el exigir que China elija entre saltarse la fase primaria del socialismo o renunciar a su Partido Comunista, se complementa bastante bien con la sumisión a la legalidad burguesa en su propio país. Ella es en definitiva la ideología y la política del Pentágono estadounidense, impuesta a los medios de manipulación de masas imperialistas para provocar, subvertir y destruir el estado socialista de China si no se somete a la evolución pacífica al capitalismo.

"Ni guerras entre pueblos ni paz entre clases"

¿Cuál es la base de dicha posición común de las tendencias oportunistas de utilizar a China como pretexto de sus políticas inconfesables?

"Ni guerras entre pueblos ni paz entre clases". Esta consigna revolucionaria marcó los movimientos revolucionarios surgidos a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX que luchaban contra las guerras imperialistas y que Lenin concretó después en la consigna bolchevique de "transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria" que posibilitó la toma del poder soviético.

Los "héroes" oportunistas de la II Internacional traicionaron aquellas consignas, apoyando a sus respectivas burguesías en la guerra. Hoy, ni los organismos de masas supuestamente representativos como CCOO, UGT o las AA.VV. plantean oposición alguna a las guerras imperialistas. La colonización de Ucrania por parte de EEUU, Alemania y Francia avanza paso a paso para convertir a 40 millones de ucranianos, muchos de ellos trabajadores cualificados aunque empobrecidos, en mano de obra barata en la UE que sirvan para reducir drásticamente las prestaciones salariales y sociales de los trabajadores europeos por la vía de la competencia y aumente los beneficios de los monopolios occidentales. Pero nada tienen que decir tales organismos representativos encorsetados en la legalidad monopolista.

En el mejor de los casos, quienes controlan hoy las organizaciones de masas, han convertido "Ni guerra entre pueblos ni paz entre clases" en un canto pacifista a la "no-violencia" que o bien en ningún momento se plantea la toma del poder, o bien plantea la toma del poder al margen del trabajo de transformación de las organizaciones de masas existentes hoy controladas en su gran mayoría por el oportunismo. Tratan, y hasta ahora lo han conseguido, convertir "ni paz entre clases" en "guerras" de protestas testimoniales, ya sean pacíficas o "radicales", pero que no implican la subversión del control "legal" del estado sobre las amplias masas.

Una práctica social, colaboracionista de hecho, engendra su correspondiente teoría justificativa

La teoría bresneviana del "internacionalismo" fue en realidad también una forma de justificar el abandono práctico del marxismo. Bresnev fue el ahijado político de Kruschev, casi desde el comienzo de su carrera política y como tal jugó un papel de apoyo incondicional a Kruschev en la eliminación del llamado "Grupo antipartido" formado entre otros por Molotov, Malenkov, Kagonovich, Vorochilov, Bulganin, contrarios al proceso de "desestalinización" acometido en la URSS contra el legado de Stalin.

El apoyo de Bresnev a Kruschev contra los "estalinistas", le posibilitó ser nombrado para el Politburó y segundo secretario del Comité Central en 1959.

En octubre de 1961, durante el XXII Congreso del PCUS, Zhou Enlai, primer ministro chino y representante del PCCh, en su salutación al Congreso, criticó abiertamente el "ajuste de cuentas" contra los comunistas soviéticos que estaban en contra de tal proceso de "desestalinización", mientras Ho Chi Minh de Vietnam del Norte y Kim Il Sung de la República Democrática Popular de Corea, en sus intervenciones, no se pronunciaron al respecto. [3]

En todo ese proceso, Bresnev estuvo junto a Kruschev, lo que posibilitó su ascensión a la máxima dirección de la URSS cuando la capacidad de su mentor se debilitó. Sin embargo nunca Bresnev derogó la "desestalinización" surgida a partir del XX Congreso, e incluso se inició durante su mandato el estancamiento económico de la URSS que sentaría las bases de su auto destrucción. Y en ésta jugó un papel fundamental la carrera armamentista y la política de intervención exterior con el nombre de "internacionalismo". El "internacionalaismo" y la supuesta recuperación del "leninismo" fueron las coartadas besnevianas para ocultar el fracaso de la política soviética en los últimos decenios de su existencia.

Ese legado intervencionista con el nombre de "internacionalismo" continúa hoy en las vitrinas ideológicas de las organizaciones de "izquierdas" de occidente, como coartada también de su entrega al oportunismo de todos los matices.

La responsabilidad de una teoría marxista basada en los hechos reales

"Ni guerra entre pueblos" significa coexistir y asumir la voluntad diversa de cada nación y su población para decidir por sí mismo su futuro. "Ni paz entre clases" significa agudizar la lucha de clases en el propio país, hasta convertir la intervención imperialista de nuestro estado, la cesión a las superpotencias de nuestra soberanía y la liquidación de derechos populares por parte del estado monopolista, en lucha insurreccional para la toma del poder por el pueblo empezando por las bases de barrios y empresas.

Comprender y defender la política pacífica de los países socialistas en sus relaciones internacionales, no significa doblegar la espalda ante el estado burgués español, sino todo lo contrario,

Si se entiende que esas dos posiciones son imprescindibles y complementarias, y no antagónicas como hoy muchos oportunistas y personas influenciadas por ellos pretenden, se entenderá también y no se la podrá utilizar como coartada, a la heroica China que construye su socialismo contra viento y marea después de siglos de heroísmo sufriendo atrocidades de Occidente y Japón.

Y lo que es más importante aún, entenderemos las tareas que nos corresponden a nosotros en exclusiva.


[1] El dogmatismo, la otra cara del oportunismo, págs. 79, 80, 81, 82, 84, 85, 86, 87.

[2] El dogmatismo, la otra cara del oportunismo, pág. 80

[3] http://hemeroteca-paginas.lavanguardia.com/LVE07/HEM/1961/10/22/LVG19611022-013.pdf

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1961/10/21/pagina-5/32703766/pdf.html