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La unidad popular en España sin Partido Comunista no es posible


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9-6-2014


Con la abdicación del borbón heredero de Franco, una legítima esperanza de cambio ha arraigado en amplios sectores populares. La situación permanente de crisis económica que afecta al 99% de la población y que enriquece al 1% restante, es un factor estimulante para ello.

También lo es el resultado electoral de las elecciones europeas que confirma la pérdida de la mayoría absoluta entre los dos partidos actuales del poder fáctico, PP y PSOE.

Organizaciones políticas como el PCE que fueron fundamentales en su día para realizar la reforma del franquismo y la instauración de la monarquía borbónica, y que se autohibernaron para consolidarla durante largos decenios, ahora convocan a las masas en la calle exigiendo un referéndum para que los ciudadanos decidan entre monarquía y república y para abrir un proceso constituyente.

Es muy positivo que todos, quienes quieran que sean, se sumen a la lucha por la liquidación de este régimen neofranquista y su putrefacto aparato del estado, independientemente de su pasado y de las dobles intenciones que puedan existir en algunos de ellos. Todo aquello que suponga un avance de la lucha de clases debe ser aceptado e impulsado; y abrir un proceso constituyente en España hoy es desde luego mucho más avanzado que persistir en la "consolidación de la democracia" para imperialistas y monopolistas y en el acatamiento de la "sacrosanta" e "indivisible" unidad de la patria monopolista heredada del franquismo.

A fin de cuentas, otros partidos como el PCPE, teóricamente más a la "izquierda" del PCE, hoy permanecen impasibles no sólo ante la lucha democrática por la república, sino ante el derecho democrático de autodeterminación de los pueblos que sólo reivindican desde un plano estrictamente doctrinario cuando importantes sectores de las masas lo han hecho suyo en naciones como Catalunya, Euskadi, Galicia o Canarias. Con ello, esos partidos "vanguardia del proletariado" a la "izquierda del PCE", hacen un gran servicio a las clases burguesas de dichas naciones.

Pero el entusiasmo de las organizaciones políticas y ciudadanas que han firmado la declaración del "Ateneo" y están movilizando a las masas en 40 ciudades del estado, no puede obviar un hecho incontestable que ha determinado en múltiples ocasiones la historia de España:

La unidad popular necesaria para que un proceso constituyente suponga un avance de conquistas sociales y políticas para la clase obrera y el pueblo trabajador, es imposible sin la existencia de un verdadero partido comunista inserto en dicho proceso.

Resulta muy interesante la entrevista de Julio Anguita el 7-6-2014 en La Sexta noche. En ella Julio Anguita dijo (a partir del minuto 3'40" del video):

"Yo creo llegado el momento de que todos los ateneos republicanos, los colectivos republicanos, las asociaciones republicanas y personas que estén vinculados orgánicamente a ellos, se reúnan en lo que podíamos llamar unos estados generales de la República y vayan ahí diseñando el debate con el pueblo español de la clase de república que se quiere. Y por ejemplo, la república y la economía: ¿va a ser una república a la que se le diga desde fuera lo que tiene que hacer en la economía? Entonces ¿para qué la queremos?.... Esto es lo que yo he manifestado y vengo insistiendo desde hace muchos años."

Anguita siempre ha hablado de la república, aunque en su época de dirigente del PCE e IU más bien como advertencia política propagandística que como objetivo concreto de lucha. De 1988 a 1998, Anguita fue secretario general del PCE y de 1989 a 2000, coordinador general de IU, y en ningún momento ni trabajó para impulsar órganos de base de unidad popular, ni convocó acciones de las masas para luchar no ya por la república o el socialismo, sino ni siquiera para intentar revertir la situación de dependencia de la clase obrera respecto a los múltiples pactos políticos y sociales que garantizaron consolidar la liquidación de gran parte de la agricultura e industria española e iniciar el proceso progresivo de precariedad del mundo laboral.

A continuación, los principales pactos que fueron aceptados o acatados sin rechistar en la práctica de la lucha por el PCE y organizaciones cercanas a su influencia, bien por activa o por pasiva.

Divulgado por la FES (Federación Española de Sociología), y en base a datos oficiales, según el trabajo "Tendencias de consenso y conflicto laboral… ¿adiós al corporativismo competitivo en España?" de los sociólogos Sergio González Begega y David Luque Balbona, del Departamento de Sociología de la Universidad de Oviedo, estos son los datos que nos muestran tanto la febril actividad de la política de consenso de la que tanto se han ufanado los partidos de la izquierda oficial PSOE y PCE, como la progresiva disminución de la lucha de clases en las empresas, con el pequeño repunte de las dos huelgas generales de 2012.

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Así pues, con tal trayectoria de una parte de la izquierda que ahora plantea la apertura de un proceso constituyente, no se puede evitar pensar la posibilidad de que las declaraciones y manifiestos actuales puedan ir por el mismo sentido, pues la suma en la lucha de varias organizaciones políticas y sociales, si no está sustentada en la unidad popular por abajo, tanto en las empresas como en los barrios, no puede acumular fuerzas y elude la cuestión principal:

Si se quiere, como dice Anguita, que es necesario determinar "qué clase de república quieren" los españoles, está claro que no son suficiente manifestaciones. Pero tampoco se hallará una unidad que rechace en los hechos la troika y la política financiera del BCE, lo cual supone abandonar la UE, sin organizar una correlación de fuerzas organizada entre las masas a nivel de base en cada barrio y en cada centro de trabajo. Y es aquí donde está el quid de la cuestión.

Solo un partido comunista con su actividad práctica con las masas puede dirigir esa tarea. No bastan las declaraciones de Anguita ni los debates televisivos de Pablo Iglesia de PODEMOS.

Desde luego siempre hay que aceptar que bajo determinadas circunstancias, determinados partidos puedan cambiar en positivo, aunque la experiencia del movimiento comunista internacional nos demuestra que para un partido ya viciado en multiples traiciones a la clase obrera, la regeneración solo es posible depurando a fondo la práctica política y organizativa.

Julio Anguita se hizo bastante famoso en los círculos mediáticos monopolistas en la época en que era secretario general del PCE por una frase lapidaria. "Dictadura, ni la del proletariado". Al parecer y según sus posiciones actuales sobre el "ciudadanismo", en la actualidad sigue pensando lo mismo. En realidad su política es muy similar con la política pro bolivariana de Pablo Iglesias y PODEMOS.

El afán por construir la nueva sociedad pretendiendo transformar desde la propia legalidad burguesa el dominio fáctico del capital monopolista español supone ya un certificado para el fracaso, dictado por nuestra propia historia. Y poner a Venezuela y otros países latinoamericanos como ejemplo de lo que aquí es posible, es desconocer tanto la sociedad española y su clase dominante como las de Venezuela o Ecuador.

¿Donde está en España (a diferencia de Venezuela) el sector militar progresista capaz de enfrentarse con las armas al sector militar proimperialista estadounidense (en España, a la cúpula completa del ejército)? ¿Dónde está en España el sector de la burguesía nacional en contradicción con el capital imperialista estadounidense (en España, europeo)?

Pero además, ¿no es precisamente el excesivo democratismo (un democratismo que siempre será atacado como "dictadura" por los imperialistas) del gobierno venezolano que permite la libertad de los medios reaccionarios, la libertad económica del capital proimperialista y sus continuas protestas y sabotajes, la causa de que el actual gobierno de Maduro esté sobre las cuerdas, con una inflación galopante, después de haber ganado por la mínima la elección presidencial?

Bajo el franquismo, sólo las ilegales comisiones obreras y las asociaciones de vecinos actuando en realidad como soviets, en la medida que jugaron un papel organizativo estable y lucharon diariamente por los problemas reales en cada lugar, posibilitaron el desarrollo de la lucha concreta de amplias masas y también de la actividad política contra el fascismo y con ello el desarrollo de las organizaciones comunistas y de la unidad antifascista. La creación por ejemplo de la Assemblea de Catalunya que unió a todas las organizaciones y personas antifascistas en Catalunya no habría podido realizarse sin el papel del PSUC, (que aún tenía tanto dentro de sus filas como fuera de ellas, la presión de muchos comunistas de base) y otras organizaciones comunistas revolucionarias.

Las actuales CCOO y la mayoría de AAVV es evidente que no tienen hoy el mismo carácter. Sin embargo ello no sucede así solo por la "maldad" de sus actuales dirigentes. Sino también por la actitud de la juventud revolucionaria que hasta ahora, crea organismos paralelos y se niega a tranformarlas con su actividad.

Ya vimos que durante la consolidación de la reforma del franquismo, es cierto que las actuales CCOO no firmaron algunos acuerdos, dejando en solitario a UGT, pero tampoco movilizaron con convicción a las masas en su contra. Eso es exactamente igual que ahora reclamar un contenido político a la república por la que se quiere luchar pero no concretar de qué estructura unitaria existente organizada desde la base, hay que partir.

La unidad política por arriba, y así se ha demostrado reiteradamente en nuestra historia, si ello no conlleva la unidad consciente de las masas por abajo, es simplemente un castillo de naipes que se lleva el viento de quien más fuerza tiene, en este caso hipotético, la burguesía.

Durante los últimos años, muchas veces, el recurso a una Huelga General solo ha servido como acto de propaganda de los conovocantes y válvula de seguridad del sistema, pues no ha servido para acumular fuerzas revolucionarias ni en los centros de trabajo ni en los barrios.

Todo lo anterior no significa en absoluto que no sea necesaria la unidad practica con partidos que se opongan con hechos a la actual situación, pero esa unidad solo tendrá sentido si al mismo tiempo se crea un partido comunista real, con principios marxistas leninistas y reconocimiento de los países socialistas, pero con una análisis concreto de la realidad concreta del estado español y que rechace aplicar la estrategia revolucionaria de otros países, sean socialistas o no, y que no espere a nada para comenzar a levantar los órganos de base de unidad popular en los barrios a partir de las Asociaciones de Vecinos depurándolas y transformándolas en órganos abiertos de lucha del poder popular y de representación electoral por sufragio universal en cada barrio y en donde pueda llegar a jugar un papel dirigente el movimiento obrero organizado.

Sin un verdadero partido comunista de estas características, los llamamientos a la unidad solo servirán para que las diferentes corrientes oportunistas, que temen más la dura lucha revolucionaria del proletariado que el poder de los monopolios que muchos de ellos han contribuido a consolidar, frustren una vez más la combatividad revolucionaria de las masas.