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<<< Una autocrítica necesaria

La dictadura del capital monopolista español

guerra 04 (104K)

Mujeres y Hombres, uña y carne contra el fascismo

La crisis económica del sistema capitalista comenzada en 2008 pone de relieve que el poder de decisión en el estado español no está en la voluntad popular, ni en los parlamentos estatales o autonómicos, ni siquiera en el gobierno del estado.

Si algo pone de relieve dicha crisis del sistema capitalista es que el poder de decisión en España está en manos de los especuladores financieros de la gran banca española, europea y estadounidense.

Ellos deciden los planes de superexplotación contra el pueblo para mantener y aumentar su tasa de ganancia y concentrar en cada vez en menos manos el poder económico, político y militar.

La palabra “democracia” se muestra más que nunca, como la libertad absoluta exclusiva para los grandes especuladores que explotan a la clase obrera y al pueblo y llevan a millones de personas a la ruina y miseria. Al mismo tiempo, dicha democracia para una minoría de explotadores es la dictadura para la clase obrera y el pueblo, que sólo tienen su unión y su lucha para responder a tantas agresiones.

El capitalismo español, continuando la senda marcada por los capitalistas alemanes, franceses y estadounidenses, son incapaces de continuar el desarrollo de las fuerzas productivas en relación armónica con la naturaleza, son incapaces de frenar la progresiva contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.

Los grandes intereses corporativos de los monopolios lo impiden. Debido a ello deben recurrir a la constante especulación, a la creación constante de capital ficticio para mantener sus beneficios.

Pero puesto que tal masa de capital no corresponde al desarrollo productivo real, su creación y apropiación supone un empobrecimiento constante de las clases populares, de sus derechos sociales, y del que ellos llaman “estado del bienestar” que cada vez cuenta proporcionalmente con menos recursos.

No hay democracia que ampare al pueblo trabajador explotado, arruinado y sumido al paro, ni control alguno de sus explotadores. La “libertad de mercado” en realidad se ha transformado en la dictadura de la cúpula financiera cada vez más concentrada, para saquear al conjunto de la población.

La palabra “democracia” se muestra más que nunca, como la libertad absoluta exclusiva para los grandes especuladores que explotan a la clase obrera y al pueblo

Incluso en el terreno de lo que se llama “democracia formal”, las libertades políticas son liquidadas cada vez más en mayor medida. Le “ley de partidos” y su brazo ejecutante el sistema judicial franquista heredero del TOP, restringe y prohíbe partidos políticos, cierra diarios y encarcela disidentes políticos por el simple hecho de no condenar lo que consideren los inquisidores del poder. Mientras, narcotraficantes, políticos burgueses y delincuentes de cuello blanco que originan la crisis para el pueblo, son puestos en libertad o, simplemente, son respetados en su poder e impunidad absoluto.

Ello ocurre porque la dictadura del capital monopolista, bajo la forma de democracia burguesa en la actualidad, se ha desprendido de la libertad económica y política que justificó la democracia burguesa de los orígenes del capitalismo.

La cada vez mayor concentración del capital, hace inservibles y contraproducentes cada vez más, para los monopolios imperialistas, la libertad de mercado en el terreno económico y su consecuencia, la libertad política en el terreno social.

Nosotros asumimos el principio marxista de que todo Estado es una dictadura de clase contra otras clases que supone la democracia para la clase dominante y la dictadura para las clases dominadas. Solo una vez superada la etapa socialista, cuando se haya producido un gigantesco desarrollo de las fuerzas productivas inimaginable bajo el capitalismo y se haya eliminado en todos los ámbitos la influencia de la burguesía, es decir, solo en la etapa comunista, al mismo tiempo que se extingan las clases y el Estado, se extinguirán también los conceptos de dictadura y democracia.

guerra 03 (10K)

ingleses internacionalistas

En el inicio histórico de la dominación capitalista, la dictadura democrático burguesa fue su forma natural de detentar el poder. La democracia parlamentaria burguesa era la forma política que necesitaba el capital para estimular el desarrollo de las fuerzas productivas, rompiendo el viejo marco absolutista feudal ejerciendo su dictadura en primer lugar contra el feudalismo para consolidar su poder.

Todo lo que tenían de progresivas las nuevas relaciones económicas, lo tenían también las nuevas formas de dominación respecto al anterior sistema social. La clase obrera incipiente, no sin grandes luchas y sacrificios, encontró en el nuevo marco político la posibilidad de organizarse y mejorar sus condiciones de vida. La bandera de la libertad enarbolada por la burguesía, fue prontamente recogida por el proletariado para conseguir sucesivas victorias.

Con el desarrollo capitalista, se agudizaron las contradicciones de la lucha de clases y el proletariado guiado por la teoría marxista, vio la posibilidad de conseguir su emancipación definitiva y la de la Humanidad. La burguesía se veía cada vez más obligada a utilizar la represión para mantener su dominación de clase.

La cada vez mayor concentración del capital, hace inservibles y contraproducentes cada vez más, para los monopolios imperialistas, la libertad de mercado en el terreno económico y su consecuencia, la libertad política en el terreno social.

Al mismo tiempo, la progresiva concentración monopolista hacía ya innecesario para el capital el marco de la libre competencia en el interior de su Estado. Lo que empezó siendo una necesidad para el desarrollo económico del capital, se convertía en un obstáculo para la actividad de los monopolios y del imperialismo.

Las antiguas libertades sindicales y políticas, desde entonces hasta hoy, se han ido recortando en las democracias burguesas. El gran capital ha ido acentuando su presión sobre los partidos reformistas a fin de que estos acepten cada vez más, la defensa del Estado absolutista, en que han convertido la llamada "democracia". Lo que era antes el principio "libertad de crítica" es ahora cercenado por los gobiernos monopolistas, mediante el control absoluto de las empresas manipuladoras de opinión publica en que han convertido Televisión, radio y prensa.

Se puede decir que ahora la democracia burguesa para el capital monopolista solo es posible en la medida que suponga un pacto de renuncias cada vez mayores de las fuerzas con influencia en el Movimiento Obrero. Sin esa condición el régimen "democrático" no solo no contribuye a la estabilidad política y económica de los monopolios, sino que no tiene ningún sentido ni explicación históricos.

En España, el constante recorte de las libertades propia de la situación de dominio de los monopolios, se da más acentuada debido al origen neofranquista de la actual reforma. La monarquía impuesta por Franco y representada por el borbón Juan Carlos, mantiene en sus manos la jefatura del estado oligárquico y su ejército. El rey, según la propia Constitución tiene impunidad absoluta. Su persona es inviolable y, por tanto, el ejército bajo su mando, como aparato armado de los monopolios, en momentos de crisis política hereda dicha impunidad y arbitrariedad.

Las supuestas “garantías constitucionales” pues, en momentos de supuesto “vacío de poder” o “peligro para la seguridad del estado”, son papel mojado en manos de un rey que juró fidelidad a los principios del Movimiento Nacional fascista.

Por ello las alabanzas a la actual "democracia" no es sino embellecer las posibilidades de la oligarquía, e intentar dar la vuelta al carro de la historia para volver al paraíso pequeño-burgués de la época inicial del desarrollo capitalista, deslumbrando al proletariado con una posibilidad utópica.

En todo caso, la democracia burguesa no es nunca en sí misma una victoria para el pueblo, ni parcial ni de ningún tipo. En el plano estrictamente teórico, la democracia burguesa es una forma de dominación que corresponde a los intereses del capitalismo y no de la clase obrera.

En el plano político además, es decir, en las condiciones concretas de España, hablar de "consolidar" o "profundizar la democracia´", no es más que definirse por la consolidación y profundización de la dictadura del capital monopolista.

Es cierto que el proletariado puede hacer ceder al capital monopolista de forma transitoria, obligándole tanto a concesiones económicas como políticas, pero solo podemos hablar de que esas concesiones sean una victoria parcial, cuando el proletariado no se detiene en ellas para hacer un canto a la nueva situación, cuando el proletariado en vez de dejarse deslumbrar y llamar a "consolidar la democracia" hace caso omiso del pacto entre oligarcas y reformistas, y utiliza las libertades conseguidas para desenmascarar y destruir la apariencia "democrática" de la dictadura monopolista y su Estado y tomar el poder.

en las condiciones concretas de España, hablar de "consolidar" o "profundizar la democracia", no es más que definirse por la consolidación y profundización de la dictadura del capital monopolista

En España, la legalización de las organizaciones y partidos hasta entonces populares, tuvo lugar a cambio de la renuncia de estos a su política revolucionaria y principios ideológicos. Los que no aceptaron tal chantaje han sido y son aislados y reprimidos. Es por todo ello, que en España hoy no se puede hablar en propiedad de "democracia burguesa".

guerra civil 22 (14K)

Camino del exilio

Los medios de comunicación hoy en España (TV. Radio y prensa) están en manos del poder monopolista. Los grandes poderes financieros dirigen los grandes medios, limitando su diversidad a los matices teatrales del “bipartidismo”. Han transformado la información en creación de opinión favorable al sistema capitalista de explotación, las posiciones contrarias al sistema capitalista están vetadas en general y especialmente en los programas de máxima audiencia.

Lo que hoy los propagandistas del sistema llaman "democracia" es ni más ni menos que una suave capa de pintura que oculta malamente las enormes grietas de la dictadura del capital monopolista español.

Esta suave capa, salta hecha añicos cada vez que una relativamente pequeña contestación pone en cuestión los pilares básicos del Estado: Monarquía, Ejército, Banca, Iglesia, Bandera, Orden Público y la unidad monopolista en todo el estado impuesta por ellos. La represión queda entonces como única arma para "solución" efectiva de esas contradicciones.

El gran capital español, gracias a la inexistencia de un partido comunista con influencia en las masas en España en los últimos 30 años, ha aumentado su poder y control sobre el conjunto de la sociedad. La mafia del estado de sobornos y clientelismo se ha desarrollado entre amplios sectores de la aristocracia obrera y popular. La concentración y desarrollo del capital monopolista ha posibilitado la constitución de un poder imperialista de segundo orden con penetración en aumento especialmente en Latinoamérica, y actividades militares dirigidas por los militaristas europeos y estadounidenses.

La actual crisis comenzada en 2008, demuestra las limitaciones del gran capital español debido a su sometimiento estructural a Alemania y Francia que forzaron la desindustrialización y bloqueo de la agricultura como condición para la entrada de España en la Unión Europea.

Pero al igual que consiguieron a finales del siglo pasado alcanzar los requisitos de Mastrich, forzando el aumento de la productividad y plusvalías, abaratando costos y limitando los gastos asistenciales de los trabajadores y del pueblo, ahora bajo la amenaza de poderes globales misteriosos con el nombre de “los mercados”, someten no ya la limitación de los ingresos y servicios populares, sino incluso la reducción de los mismos.

Se agudiza actualmente la redistribución de la renta en beneficio del gran capital. Las rentas de capital suponen ya la parte mayoritaria de la tarta nacional, mientras que sus aportaciones fiscales son inferiores a la de los asalariados.

La televisión es convertida en dictadura mediática de creación de opinión pública en contra del comunismo y los países socialistas (con la colaboración de “ilustres” arrepentidos) para intentar demostrar ante el pueblo que no hay alternativa real a su barbarie. La uniformidad y ausencia de pluralismo político de todas las diferentes cadenas televisivas en los aspectos esenciales de la lucha de clases y del poder político, demuestra la ausencia de democracia política, el bombardeo ideológico continuo sobre una sola posición favorable a los monopolios imperialistas en torno a todos los acontecimientos importantes nacionales o internacionales.

Por todo ello, nosotros definimos el actual marco político como dictadura del capital monopolista e imperialista español contra la clase obrera y el pueblo.

Determinar correctamente las fuerzas políticas representativas de cada clase, en cada momento concreto, es vital para hacer posible la Revolución...Quien no se enfrenta, unido a las masas, a su verdadero enemigo, no lo conoce

Determinar correctamente las fuerzas políticas representativas de cada clase, en cada momento concreto, es vital para hacer posible la Revolución, pues es ello lo que nos permite establecer con acierto en la práctica y no solo en la teoría, la política de alianzas revolucionarias y saber a qué enemigo tenemos que combatir y con quienes podemos aliarnos.

Nosotros decimos: la verdad está en los hechos de cada partido y no en su nombre. Sólo la lucha de masas demuestra quienes son los verdaderos amigos del pueblo y quienes sus enemigos. Quien no se enfrenta, unido a las masas, a su verdadero enemigo , no lo conoce.