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<<< La dictadura del capital monopolista español

Las clases y sus partidos

a) Los partidos políticos del gran capital

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Felipe González consolidó el estado imperialista monopolista español

Muchos “comunistas” actuales cuando hablan de derechas se refieren al PP y a las burguesías nacionalistas, guardando un “piadoso” silencio sobre el verdadero carácter de clase del PSOE. Ello es una manera de justificar una alianza implícita con la supuesta “socialdemocracia” del PSOE en ayuntamientos y organismos sindicales para obtener algún tipo de prebenda.

Después de 30 años de elecciones dirigidas por el mayor arma de control de masas, la televisión de los monopolios, el carácter de clase de los partidos gobernantes está más claro que nunca. PSOE y PP, independientemente de sus nombres, actúan como auténticos gestores del gran capital. Especialmente en épocas de crisis (ahora como ocurrió en los años 80) el PSOE gobierna para mantener el control y sometimiento de la clase obrera y del pueblo, mientras que en épocas de expansión gobierna el PP.

Desde las reconversiones industriales y la liquidación de parte de nuestra agricultura hasta las actuales medidas de explotación como consecuencia de la crisis de 2008, el PSOE, con el apoyo real del PP, se ha demostrado como el gestor más eficaz de los grandes capitalistas y el que ha impulsado contra los trabajadores, con más éxito para aquellos, la precariedad, el aumento de ritmos, los bajos salarios, el paro, la subcontratación, las altas hipotecas e intereses, los precios elevados de artículos de primera necesidad y por contra, los grandes beneficios de los bancos y de las grandes empresas y su enorme fraude fiscal amparado por su estado.

El PSOE y el PP son hoy los representantes políticos de la dictadura del capital monopolista nacionalista e imperialista español y enemigos nº 1 de la clase obrera y del pueblo de España

El PSOE y el PP son hoy los representantes políticos de la dictadura del capital monopolista nacionalista e imperialista y enemigos nº 1 de la clase obrera y del pueblo de España.

Aunque no participan directamente en el gobierno central del estado, hay otros partidos que de una manera u otra refuerzan el estado capitalista. El PCE y después IU desde la segunda mitad de los años 70 han dado un apoyo explícito al estado monopolista y a sus instituciones convirtiéndose en una garantía en el seno del pueblo para que este no adopte la lucha revolucionaria y apoye tanto el sistema político como el judicial y represivo. De hecho en algunas nacionalidades como en Catalunya dirigen a la policía desde la Consejería de Interior de la Generalitat.

b) Los partidos políticos representantes de las burguesías nacionalistas. La cuestión nacional.

PNV, CiU, CG, UV, PAR, PA son los representantes principales de las burguesías nacionalistas. Principalmente la vasca y catalana son las de mayor influencia.

La progresiva concentración monopolista agudiza las contradicciones entre el estado y las burguesías nacionalista. Cada vez más, el estado de los grandes monopolios quiere recortar la influencia económica y política de sus competidores en las nacionalidades. En esta batalla entre diversas burguesías por repartirse la tarta creada por el trabajo del pueblo, la burguesía de los grandes monopolios representado por el estado se enfrenta con la actividad reivindicativa de las burguesías nacionalistas unido a sectores de las clases no monopolistas y populares golpeados por la crisis económica.

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J. Pujol (CiU), el nacionalismo mercantil

Tradicionalmente, las burguesías nacionalistas no han ido más allá de pedir una mayor porción del pastel y cuando la clase obrera se ha levantado, han hecho piña común con los monopolios para reconducir dicha lucha hacia el reformismo. Sus contradicciones con los grandes monopolios españoles nunca han tenido un carácter antagónico.

Los comunistas defendemos la posición de Carlos Marx y Lenin sobre la cuestión nacional: Los comunistas no somos nacionalistas. Pero en primer lugar nos oponemos a los nacionalistas que se convierten en opresores de otras naciones.

Así podríamos resumir el punto de vista de Marx y Lenin sobre la cuestión nacional. En la medida que es el capitalismo el que despierta las apetencias nacionales, los comunistas, como decía Marx, no podemos convertir en un fetiche la cuestión nacional. Se cubra con el manto que se cubran las reivindicaciones nacionalistas solo corresponden a los intereses de la burguesía y no a los del proletariado.

Los comunistas no somos nacionalistas. Pero en primer lugar nos oponemos a los nacionalistas que se convierten en opresores de otras naciones

El nacionalismo es una traba colocada por la burguesía a la emancipación social del proletariado. En la medida en que exista lucha nacional, la lucha de clases por intereses de clases queda diluida ante los "objetivos comunes de toda la nación". Por tanto y en la medida en que el desarrollo del capitalismo no despierte las apetencias nacionalistas, no debemos ser los comunistas los que impulsemos el nacionalismo.

Pero una vez despierta la conciencia nacional en el pueblo como reacción a la opresión nacional del Estado monopolista actual, los comunistas hemos de asumirla y luchar porque el pueblo pueda decidir de manera democrática. Lo contrario significaría apoyar el privilegio exclusivo de constituirse en Estado, solo a las naciones opresoras.

España es un Estado formado hace 500 años bajo el mandato del Reino de Castilla. Tanto el euskera como el catalán y el gallego poseen una articulación anterior. La unificación de todos los reinos de lo que hoy conocemos como España, no se hizo en absoluto de manera voluntaria, sino mediante la fuerza de las armas.

Este dominio ha supuesto reiteradamente la explotación a todas las regiones y nacionalidades en beneficio del Centro a partir del cual, se ha ido desarrollando lo que hoy conocemos como Capital Monopolista de Estado. El hecho de que Catalunya y Euskadi tomaran la vanguardia del desarrollo económico no ha hecho más que agudizar esa necesidad nacionalista. A menudo, los burgueses catalanes y vascos al mirar al resto de la Península con su tradicional atraso, exasperaban por no poder contar siquiera con un mercado con un mínimo nivel de consumo donde colocar sus productos.

Esta frustración de sentirse locomotora de unos vagones con el freno del subdesarrollo puesto, ha jalonado todo el proceso de relaciones entre las burguesías nacionalistas y la oligarquía española. En el pasado, estas contradicciones han originado enfrentamiento, pero las burguesías nacionales de Catalunya, Euskadi y Galiza, nunca han sido capaces de llevar la lucha nacional hasta el final. De esa manera, la Cuestión Nacional en las nacionalidades históricas se ha convertido en un velo permanente, colocado por la burguesía sobre la lucha de clases.

Urge pues por parte del proletariado dar una salida democrática y consecuente , que resuelva definitivamente la cuestión nacional en España. La clase obrera es la más interesada en que el velo nacionalista desaparezca para poner la lucha de clases en primero lugar.

En la actualidad, el capital monopolista español desacredita los intentos de los nacionalistas "periféricos", acusándolos de no mirar el bien del conjunto de España. Ello es completamente cierto, como lo es que el Estado monopolista solo quiere la unidad de España para saquearla en su provecho exclusivo.

En el tema nacional, como en los demás, los comunistas no hemos de perder de vista nunca que ante todo, hemos de posicionarnos contra la arbitrariedad y a favor de la democracia de manera consecuente.

el capital monopolista español desacredita los intentos de los nacionalistas "periféricos", acusándolos de no mirar el bien del conjunto de España. Ello es completamente cierto, como lo es que el Estado monopolista solo quiere la unidad de España para saquearla en su provecho exclusivo

No podemos permanecer impasibles ante la actividad propagandística de los voceros de los monopolios que acusan a los nacionalistas vascos y catalanes de los mismos crímenes que ellos han cometido y cometen, multiplicados exponencialmente. Y menos aún podemos hacer de monaguillos del Estado como hacen IU, IC, PCC y otros grupos "marxistas leninistas", que abrazan la Cruzada del Estado contra la "derecha separatista", establecen colaboraciones de legislatura y de gobierno en Comunidades autónomas y ayuntamientos con la "izquierda" monopolista y nacionalista española, “para frenar a la derecha"...

Constantemente, hemos de denunciar ese camuflaje político que transforma milagrosamente al enemigo principal actual, al PSOE supernacionalista y máximo gestor de los monopolios, en defensor de los intereses de la "izquierda" contra el "egoísmo de la derecha catalana y vasca”. Y hemos de denunciarlo, a pesar de la incomprensión que encontraremos en no pocos obreros engañados por los agentes de los monopolios.

En las nacionalidades históricas, gracias en este caso a la cuestión nacional, se produce un alineamiento aleccionador de las fuerzas políticas en presencia, en defensa de sus intereses reales.

Por un lado, la llamada "izquierda constitucional", convertida hoy en representante ejemplar de los monopolios y el equipo de reserva compuesto por el PP, todos ellos unidos en torno a la sacro-santa " unidad de la Patria", es decir, de los intereses del capital monopolista.

Por otro, las burguesías nacionalistas pidiendo a los anteriores un mejor reparto del pastel de la explotación, con periódicas exigencias al Estado, y apuntando pero sin atreverse a disparar, con miedo a provocar el verdadero levantamiento popular.

Por otro, la pequeña burguesía nacionalista "dispuesta a todo", pero incapaz de constituir una amenaza seria para el Estado debido a su dispersión, incapaz de promover la unidad Popular en todo el Estado y sin aceptar la dirección política del proletariado.

Y por último, la clase obrera, sin una vanguardia políticamente organizada, sometida al bombardeo continuo de los monopolios, profundamente reticente a la actitud separatista de la pequeña burguesía, y consciente de que ello solo puede llevar a la ruina al movimiento revolucionario.

Llámese como se llame y ondeen la bandera que ondeen, las fuerzas políticas que se integren en el primer bloque de la “sacro-santa” unidad de los monopolios españoles, representan única y exclusivamente los intereses del capital monopolista de Estado y favorecen la política de imposición nacionalista española del mismo.

Los comunistas hemos de promover en las nacionalidades históricas la más amplia alianza para que se pueda ejecutar lo antes posible el derecho democrático de autodeterminación. Todo aquello que debilite y aísla al estado monopolista español favorece a la clase obrera de toda España.

Los comunistas creemos que solo la destrucción del Estado burgués, puede garantizar consecuentemente el derecho de autodeterminación. La solución no es separarse del estado burgués sino liquidarlo y levantar un nuevo estado republicano popular. Sin embargo, si gracias a la actividad revolucionaria en una nacionalidad, unido a determinadas condiciones favorables, existieran posibilidades reales de realizar un pronunciamiento democrático de autodeterminación, los comunistas hemos de apoyar resueltamente su celebración, y si no existen condiciones en el resto de España para el levantamiento popular contra el Estado, podemos de pronunciarnos por la independencia de esa nacionalidad si ello contribuye a la acumulación de fuerzas revolucionarias.

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PNV, la incoherencia siempre pierde

Bien distinta debe ser nuestra actitud en caso de que la realización del derecho de autodeterminación se ejecute como consecuencia de la toma del poder por parte del pueblo. En ese caso, puesto que el pueblo, dirigido por el Partido, ha conseguido la destrucción del Estado Monopolista, origen y causa de la opresión de clase y nacional, los comunistas hemos de defender la mayor unidad voluntaria posible, entre las diversas regiones y nacionalidades del Estado; eso sí, aceptando democráticamente y con todas las consecuencias, la decisión del pueblo en las diferentes nacionalidades.

En realidad, la celebración con todos los requisitos de control democrático, de objetividad y proporcionalidad en la propaganda y en los medios, de un referéndum de autodeterminación es en sí mismo un acto de independencia y de emancipación, y las consecuencias de su decisión supone asumir el mayor grado de libertad.

En este último caso, los comunistas en la nacionalidad, debemos defender la salida que suponga mayor unidad posible entre esa Nacionalidad y el Estado Popular, y los comunistas del resto del Estado, debemos defender la aceptación de la independencia de esa nacionalidad en caso de que el pueblo consultado así lo decida.

Los comunistas hemos de promover en las nacionalidades históricas la más amplia alianza para que se pueda ejecutar lo antes posible el derecho democrático de autodeterminación

Otra situación que se puede plantear es que el capital monopolista español, ante el hecho de tener que ceder a la independencia de una o varias de las nacionalidades, intente llegar a pactos con las burguesías respectivas para aplastar al proletariado de sus respectivas naciones. Los comunistas hemos de realizar un trabajo incansable para educar al pueblo en el verdadero carácter de la burguesía nacionalista y prevenir que dichas maniobras puedan materializarse.

En la actualidad, para materializar la unidad del pueblo en lucha por la resolución de sus intereses nacionales, los comunistas no podemos inventar ningún tipo de organismo particular, sino que hemos de de trabajar en los ya existentes y promover su mayor unidad y amplitud, sin hipotecar bajo ninguna circunstancia nuestra independencia política y organizativa, delimitando claramente ante el pueblo nuestros desacuerdos con todas las actividades que supongan un retroceso del nivel de conciencia de las masas y sin limitar a dichos organismos nuestra actividad que debe estar centrada en la lucha de clases y los problemas reales de los trabajadores.

El proletariado ha de tomar la bandera de los derechos nacionales, como única forma de llevarlos a su consecución. Pero no hemos de tomarla de cualquier manera. A despecho de las exigencias o peticiones de las demás clases burguesas nacionalistas, hay que hacer entender al pueblo, hemos de entender nosotros mismos, que la existencia de un partido comunista centralizado a nivel estatal es irrenunciable para conquistar el poder y garantizar los derechos populares, entre ellos, el derecho de autodeterminación.

El capital monopolista está muy interesado en la confusión en torno a falsas etiquetas que él mismo distribuye de "izquierdas" y "derechas". A este respecto hemos de aclarar que los términos de "izquierda" y "derecha" son términos inventados por la burguesía que no reflejan de manera rigurosa el verdadero carácter de cada clase.

En la sociedad existen diversas clases y los partidos existentes representan a clases sociales o a sectores de ellas. El término "derechas", referido a partidos de diferentes clases burguesas, no refleja en absoluto las contradicciones entre ellas, de igual forma como el término "izquierda" referido a los partidos populares, no diferencia las contradicciones entre las clases del pueblo y de sus intereses característicos. Si a ello sumamos, el que a menudo, las falsas etiquetas están colocadas con contenidos equivocados, la confusión es completa, lo cual interesa sobremanera al dominio del Estado.

Pero del hecho de que el enemigo principal de la clase obrera, sea el Estado de la Burguesía Monopolista y no las burguesías nacionalistas, no se desprende en absoluto que los comunistas preconicemos una alianza con éstas.

La experiencia que podemos sintetizar de las luchas del proletariado en las nacionalidades, es que, de manera continuada, la burguesía nacionalista ha promovido diversos enfrentamientos con el Estado y ha llamado "a su país" a asumirlo, pero cuando la lucha nacional se le ha escapado de las manos, cuando los sectores populares han llevado a la calle su lucha revolucionaria, ha corrido presurosa ante el mismo Estado al que anteriormente se había enfrentado, pidiendo la represión del movimiento popular. No digamos ya si es el proletariado el que se lanza a la lucha social. Entonces el respaldo a la represión es absoluto e incluso, exigente.

Por ello, los comunistas, aunque no tengamos en nuestro punto de mira a la burguesía nacionalista como enemigo principal, hemos de atacarla y denunciarla abiertamente en la medida que participa como clase en la explotación de la clase obrera y en la medida que manifiesta su apoyo circunstancial a los partidos de la oligarquía, enfrentándose al pueblo.

No realizaremos alianzas con los partidos monopolistas para aislar a la burguesía nacionalista como hacen los falsos "marxistas-leninistas", ni llevaremos a los trabajadores a reivindicar ante la Generalitat o ante el Gobierno Vasco lo que pertenece reivindicar al Estado, pero tampoco caeremos en la trampa de aliarnos con la burguesía nacionalista para oscurecer y frenar la lucha de clase de los trabajadores por su emancipación.

No realizaremos alianzas con los partidos monopolistas para aislar a la burguesía nacionalista como hacen los falsos "marxistas-leninistas", ni llevaremos a los trabajadores a reivindicar ante la Generalitat o ante el Gobierno Vasco lo que pertenece reivindicar al Estado, pero tampoco caeremos en la trampa de aliarnos con la burguesía nacionalista para oscurecer y frenar la lucha de clase de los trabajadores por su emancipación.

c) Los partidos políticos representantes de la pequeña burguesía

Los partidos independentistas (ERC, Izquierda Atberzale, BPG, etc.) las organizaciones campesinas y movimientos anarquistas) son en general, representantes de la pequeña burguesía.

Continuamente, el proceso de desarrollo capitalista provoca que nuevos sectores de la población se incorporen a esta clase. Pero constantemente también, el proceso de concentración monopolista provoca la ruina de otros muchos. De esa manera, y permanentemente, desarrollo y crisis, enriquecimiento y ruina son los factores contradictorios que marcan el carácter de clase de la pequeña burguesía y también de su comportamiento político. Esta inestabilidad económica y social, incapacita a esta clase para la dirección tanto de un proceso revolucionario, como de un proceso contrarrevolucionario.

Al mismo tiempo, el campesinado a pesar de su fuerte pérdida de influencia numérica en la actualidad, sigue siendo aliado natural de la clase obrera, y es un factor esencial en las reivindicaciones de las libertades nacionales. La no resolución consecuente de la reforma agraria en el campo y la no resolución del problema nacional, son dos factores que están relacionados estrechamente en la Historia de España, y que deberán ir unidos en su solución.

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La izquierda atberzale, multiples tendencias populares

La pequeña burguesía rural formada por el campesinado es la que forma la base social principal y le da carácter esencial al sentimiento de nación oprimida. La concentración monopolista y el proceso de unidad de los monopolios europeos, han supuesto para la pequeña burguesía campesina una fuerte descapitalización y un decrecimiento en la producción de determinados sectores, impuestos desde Bruselas.

Ello ha creado un fuerte descontento que ha tenido que ser paliado por una política de subsidios que revela una vez más la ironía contradictoria del sistema capitalista: Los Estados monopolistas europeos pagan subsidios para no producir alimentos de primera necesidad, en un marco mundial en el que más de la mitad de la población está en la miseria.

La pequeña burguesía campesina a pesar de ser propietaria de la tierra, está sometida a la presión constante de los monopolios que determinan el precio de compra y la distribución de los productos, así como el de los medios para hacer productiva la tierra. En la ciudad, la pequeña burguesía basada en el comercio, está cada vez más acosada por los supermercados y grandes establecimientos que establecen las normas de competitividad.

La pequeña burguesía industrial, mientras por un lado crece al igual que la burguesía media, al calor de la especialización, la subcontratación y de la industria auxiliar, por otro lado, es la primera en desaparecer cuando se agudiza la crisis en algún sector de la producción. Otro sector de la pequeña burguesía urbana es el formado por los mandos dirigentes de empresas con un nivel alto de remuneración. Es el sector más ligado a los intereses de las clases burguesas altas y por tanto menos independiente.

La extrema situación de inestabilidad, la crisis económica que en forma de ruina pende constantemente sobre la cabeza de la pequeña burguesía, ha creado las condiciones para que los sectores más combativos de esa clase encabecen la lucha por la satisfacción de los derechos nacionales como espita para escapar del yugo monopolista que les impide el desarrollo social.

A pesar de que, las burguesías nacionalistas especialmente en Catalunya y Euskadi, son las que capitalizan el apoyo popular a la "resolución" de la cuestión nacional, es la pequeña burguesía la que hoy participa más activamente en esa lucha. Pues a diferencia de de ésta, la pequeña burguesía no tiene capacidad económica para utilizar ni mercados ni medios de producción, quedando abocado su porvenir como clase al vaivén que le marcan desde el poder estatal. Siendo ello así, sufriendo en propia carne de manera cotidiana los excesos arbitrarios de una política económica que no puede controlar, la pequeña burguesía ve en la Independencia nacional una salida al control y dependencia de los monopolios.

En la defensa de esos intereses, la pequeña burguesía nacionalista, emprende todos los medios, incluido en ocasiones el terrorismo político indiscriminado. Ello, en vez de elevar el nivel de conciencia del proletariado de España y de las nacionalidades, lo confunde, amedranta y lo echa en brazos de las maniobras del Estado burgués.

Los atentados indiscriminados que provocan muertos entre la población civil, o selectivos pero que amedrantan y desorganizan a la población, no pueden ser aceptados por los comunistas. Fieles al legado leninista nunca apoyaremos dichas acciones y lo dejaremos claro ante el pueblo. Pero ello no supondrá jamás realizar condenas farisaicas ni apoyaremos de hecho al Estado monopolista ni a su aparato armado que impide la realización del derecho de autodeterminación.

Por otro lado, a pesar de la opinión contraria de las organizaciones nacionalistas de la burguesía pequeña o grande, los comunistas al materializar la unidad popular desde la base de los barrios y de las fábricas, lucharemos para que esta unidad sea lo más estrecha posible a nivel de todo el Estado español.

Porque nuestro objetivo, a diferencia de la pequeña burguesía nacionalista, no es separarnos del Estado burgués, sino eliminarlo e imponer el nuevo estado republicano democrático y popular. Sólo la constitución del Estado popular, puede garantizar con plenitud tanto el derecho de autodeterminación para las nacionalidades como el socialismo para la clase obrera. Y ello no podremos realizarlo sino es mediante la máxima unidad política y organizativa de toda la clase obrera y de todo el pueblo en todo el estado.

Que el sentimiento nacionalista en determinadas nacionalidades de España aumente su influencia y continúe dirigiendo la oposición popular al Estado de los monopolios, o sean los intereses de la clase obrera contra la explotación los que dirijan esta oposición, depende de que los trabajadores y su partido tome o no la dirección del movimiento revolucionario. Gran fuerza de la que hoy tienen las organizaciones pequeñoburguesas es debida en gran medida al fracaso de los comunistas en la reconstrucción del Partido revolucionario de la clase obrera. Es indudable que el desarrollo del Partido, significará además de un reforzamiento de los comunistas, un debilitamiento proporcional de las posiciones pequeñoburguesas en el conjunto del movimiento revolucionario.

nuestro objetivo, a diferencia de la pequeña burguesía nacionalista, no es separarnos del Estado burgués, sino eliminarlo e imponer el nuevo estado republicano democrático y popular...Y ello no podremos realizarlo sino es mediante la máxima unidad política y organizativa de toda la clase obrera y de todo el pueblo en todo el estado

Por todo ello, los comunistas debemos ser los primeros en hacer penetrar en la clase obrera la necesidad de respetar el derecho a la separación de las nacionalidades, pero también hemos de ser los primeros en defender la más estrecha unidad de todas las organizaciones obreras y populares en su lucha contra el enemigo común. Pero no solo se manifiesta la pequeña burguesía en el carácter nacionalista en las nacionalidades.

En los núcleos urbanos y debido a las cada vez más agudas contradicciones originadas por el aumento de la presión fiscal sobre las clases populares, y del cerco comercial e industrial de los monopolios,crece el descontento. Este descontento se expresa en movilizaciones de todo tipo: Huelgas de autónomos, negativas a pagar impuestos, enfrentamiento con la política urbanística de los ayuntamientos, ocupaciones, etc. En muchas de esas luchas esos sectores de la pequeña burguesía se encuentran codo con codo con la clase obrera, aunque en muchas ocasiones sus ideas de tendencias anarquistas se oponen en muchas ocasiones a todo tipo de actividad de masas organizada allí donde están los comunistas.

d) La clase obrera y sus organizaciones

La inexistencia hoy en España del Partido Comunista requiere un análisis de las características de la clase obrera y su proceso de transformación.

La heroica resistencia que opuso la clase obrera española al levantamiento fascista y a su dominio terrorista durante más de 40 años, dirigiendo en la lucha al campesinado y a las demás capas populares, a pesar de las limitaciones del PCE y de los comunistas, es una demostración palpable del espíritu revolucionario de nuestra clase.

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Un legado por recuperar

Esta tradición no ha sido borrada totalmente de la memoria histórica del proletariado por más esfuerzos que han realizado y realizan los propagandistas del capital y por más que impulsan la transformación del proletariado. En los momentos más agudos vuelve a renacer el espíritu combativo contra la opresión.

A menudo, especialmente durante el periodo de asentamiento de las reformas, los ideólogos burgueses en el Movimiento Obrero, han justificado su interés en evitar las movilizaciones obreras, aduciendo la falta de respuesta popular. Echar la culpa al pueblo, especialmente a la clase obrera, ha sido siempre el argumento favorito de los opresores. Sin embargo, los hechos objetivos demuestran que ello no es consecuente con la realidad.

En las primeras elecciones de la reforma, el PSUC consiguió en Catalunya el 22% de los votos. A partir de ahí el apoyo electoral a los reformistas fue decreciendo. Ello solo puede tener la interpretación, de que dicho Partido en su comportamiento práctico, echó por la borda la confianza de un importante sector del pueblo. Las continuas componendas y pactos sociales, realizados además a espaldas de los trabajadores, fue el motivo principal de esa pérdida de influencia en el panorama político. De hecho, en muchas ocasiones, la actividad de quienes se proclamaban "comunistas", se situaba más cerca de los intereses monopolistas que el propio PSOE. Ello desconcertó a no pocos trabajadores.

Los fenómenos típicamente españoles de la baja afiliación en sindicatos y partidos, en contradicción con el fuerte movimiento huelguístico que comparativamente se dio en España, solo se puede entender como un rechazo a la manipulación y al reformismo, es decir, todo lo contrario de lo que dicen los reformistas.

Los trabajadores en ocasiones, rechazan la movilización, porque han padecido recientes y malas experiencias en las que no han visto un comportamiento claro de los dirigentes que han encabezado la protesta. Ello le confiere al proletariado español un agudo olfato de clase y demuestra su capacidad en reaccionar al engaño del enemigo. Las protestas testimoniales y huelgas de propaganda son la mejor manera de frustrar la combatividad de la clase obrera.

sectores altamente cualificados y toda clase técnicos y científicos, son vitales para la aplicación de la alta tecnología en el aumento productivo no sólo bajo el capitalismo, sino también en el socialismo

En los últimos años, la composición de la clase obrera ha cambiado mucho. Hasta la década de los 60-70, ha habido un importante desarrollo de la industria, mientras se producía una fuerte disminución de la población rural.

En la actualidad, y especialmente desde hace 30 años, está teniendo lugar un reforzamiento del sector terciario en perjuicio del sector industrial y agrícola, impuesto por Alemania y Francia como contrapartida a la incorporación de España en la UE. En la actualidad el capital monopolista español a partir de la llamada “reconversión industrial” del PSOE ha hecho desaparecer grandes concentraciones de trabajadores industriales. En parte debido al desarrollo tecnológico y la implantación de robots y modernización de la gestión, y en buena parte también debido a la cesión al eje franco-alemán de buena parte de la cuota industrial española.

La gran ampliación del sector terciario o de servicios, la conversión de la ciencia y la tecnología como primera fuerza productiva, está teniendo una gran influencia en el proletariado. Se está consolidando un nuevo sector de clase obrera, que requiere por parte de los comunistas una atención especial, debido a la influencia numérica creciente que tienen en el conjunto de la clase obrera.

La extensión de sectores altamente cualificados y toda clase técnicos y científicos, son vitales para la aplicación de la alta tecnología en el aumento productivo no sólo bajo el capitalismo, sino también en el socialismo.

La clase obrera altamente especializada, aunque es cierto que posee un mayor nivel de rentas, también lo es que su trabajo es comparativamente de mayor rendimiento, y por tanto, mayor es el grado de plusvalías que el empresario se apropia. De esa manera, podemos decir, que el grado de explotación que padece es mayor, aunque de carácter distinto al de otros sectores menos cualificados.

Los ideólogos de los monopolios necesitan separar a este sector de la clase obrera. Para ello consideran que hoy gran parte de la clase obrera está aburguesada por el hecho de haber accedido al uso y consumo de determinadas comodidades. Pero para nosotros, los comunistas, el factor esencial que determina el lugar que cada uno ocupa en las relaciones de producción, no es principalmente el mayor o menor salario, sino si es creador o apropiador de plusvalía.

Hemos de reconocer que hoy debido a la inexistencia del partido comunista un amplio sector de estos trabajadores actúa como aristocracia obrera, pero en la medida que seamos capaces de organizar a los sectores inferiores de la clase obrera y organizarlos en la lucha, tal situación cambiará. En realidad, cada vez más técnicos y científicos y demás trabajadores especializados sufren de la precariedad y de los bajos salarios. El actual estancamiento productivo, el desequilibrio entre la oferta y la demanda profesional, lanza a muchos de ellos al paro, creando las condiciones para un replanteamiento ideológico más acorde con su verdadero carácter de clase.

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Matanzas y criminales

Ese cualificado sector de la clase obrera deberá jugar un papel importante en la construcción socialista y también en el proceso revolucionario para sentar las bases de una nueva sociedad altamente civilizada y un relativamente rápido avance hacia el comunismo.

En todo caso, en el socialismo, el criterio de distribución “a cada cual según su trabajo” deberá mantener inicialmente una relativa desigualdad del salario en correspondencia a la desigualdad de la aportación concreta de cada trabajador a la sociedad para estimular el cambio social y la construcción socialista.

La aplicación se ese criterio de Marx para la fase socialista es fundamental para incorporar a los trabajadores más especializados al proceso revolucionario, siendo conscientes de cuán estéril y parasitaria es hoy en España la existencia de la clase capitalista, habiendo una clase obrera capacitada a todos los niveles para realizar el proceso productivo y su comercialización de principio a fin.

En la actualidad, no existe ningún partido con una influencia como tal, que pueda llamarse representante de la clase obrera. Hemos de reiterar que cuando se habla de representar a una clase, se habla de los intereses últimos, de los objetivos finales de las clases y no de la cantidad de obreros que militan en esos partidos, ni de los votos que reciben, aunque es básico para ser considerado partido, poseer una mínima estructura y programa.

¿Cómo es posible que todas clases burguesas tengan sus representantes políticos y la clase obrera no?

Aunque en la sociedad moderna existen diversas clases burguesas y cada una de ellas, como hemos analizado anteriormente, defiende sus propios intereses de clase, la ideología burguesa es común a todas ellas, es decir el objetivo final de todas las clases burguesas es mantener, eso sí, reformándola en su beneficio, la explotación de la clase obrera.

Siendo válido el principio marxista de que "la ideología dominante es la ideología de la clase dominante", en periodos en que la lucha de clases ha manifestado un carácter más agudo, ello ha facilitado la creación del partido obrero como ideología ascendente que intenta romper el viejo dominio de la ideología burguesa.

Cuando la reiteración en los errores del partido revolucionario, provocan su desaparición o prácticamente su desaparición, nos encontramos entonces, no solo ante una situación en la que la ideología de la clase dominante es la que domina a toda la sociedad, sino que además, excluye a la del proletariado

Pero, a diferencia de las clases burguesas, que se nutren de una ideología dominante, el proletariado debe su ideología al desarrollo (y no solo al mantenimiento) de los principios revolucionarios y a la actividad práctica diaria de su partido en combate permanente y en condiciones notablemente inferiores a la de la burguesía, pues ha de introducir a contracorriente, la influencia ideológica, que la burguesía, sin embargo, ya posee en toda la sociedad.

Cuando un Partido Comunista falla reiteradamente, y es incapaz de analizar con agudeza la realidad social que está ante él, equivocando el punto de mira y adormeciendo su actividad entre las masas, se debilita, y con él se debilitan no solo las condiciones de vida y trabajo de las masas, sino también, la ideología comunista y la teoría marxista, pues no otra cosa significa, una ideología y teoría que no se aplican a la práctica.

Ello es así, porque bajo un punto de vista riguroso, no se puede concebir la ideología comunista y la teoría marxista como algo desligado a la realidad social, que funcione, se desarrollo o permanezca de manera independiente a dicha realidad.

Cuando la reiteración en los errores del partido revolucionario, provocan su desaparición o prácticamente su desaparición, nos encontramos entonces, no solo ante una situación en la que la ideología de la clase dominante es la que domina a toda la sociedad, sino que además, excluye a la del proletariado.

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Dispersión ideológica y organizativa

En la actualidad, esta exclusión, y contrariamente, el carácter absoluto en la dominación de la ideología burguesa en España, se constata en todos los ámbitos y determinan no solo el comportamiento de las clases burguesas y del proletariado, sino el de los elementos de vanguardia de éste.

El cambio de esta correlación de fuerzas ideológicas tan absolutamente desfavorable para el proletariado, no puede venir dada solo por un cambio en las condiciones objetivas de nuestra clase (explotación, represión, etc.) aunque ello lo puede facilitar. Sino que ha de venir fundamentalmente por el hecho de que se convierta en realidad la reconstrucción del partido y el aumento de su influencia, sobre bases sólidas.

Existe una dispersión notable de grupos que nos autoproclamamos del marxismo y del leninismo, etc. En esta dispersión juegan múltiples factores de todo tipo y pueden ser explicados por múltiples causas.

el Partido Comunista en España no existe en la actualidad, pues sin la unión entre Movimiento Obrero y vanguardia y teoría revolucionaria, no se puede empezar a hablar con seriedad de Partido Comunista

Más allá de autoproclamaciones, el Partido Comunista en España no existe en la actualidad, pues sin la unión entre Movimiento Obrero y vanguardia y teoría revolucionaria, no se puede empezar a hablar con seriedad de Partido Comunista. Pero solo podremos hablar de Partido en sentido estricto, cuando de esos grupos o bien de alguno de ellos, emerja una estructura ligada a la acción de los trabajadores y de otros sectores populares, guiada por un programa revolucionario.