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Querella criminal y guerra sucia, el mayor ataque del estado contra la Generalitat de Catalunya en 37 años.


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24-11-2.014


Los intentos por parte del estado, sus servicios de inteligencia y sus partidos de fragmentar las fuerzas soberanistas de Catalunya continúan. Especialmente significativo es que partidos pronunciadamente independentistas estén cayendo en las redes de tales maniobras. En Catalunya primero hay que ganar la guerra (Independencia) y después todo lo demás. La lista única plebiscitaria y único punto por la Independencia encabezada por el President es el camino más acertado para avanzar.

El ataque informático el 9-N, supuestamente del CNI, contra las webs de la Generalitat, con el objetivo de bloquear la votación anulando los ordenadores instalados para la inscripción, demuestra la brutalidad de los atacantes que no sabían que los ordenadores estaban conectados entre sí como red local, precisamente para no verse afectados por tales maniobras del exterior.

Querella criminal, guerra sucia informática e "informativa", todo vale contra la Generalitat y su Parlament por parte de quienes demuestran ser garantes de una Dictadura monopolista e imperialista, lógica heredera del franquismo. Todo ello debiera ser suficiente para cerrar filas entre no sólo los independentistas, sino también entre todos los demócratas. Debiera ser suficiente, pero aún hay muchos que se resisten a ello.


La mayor reacción represiva del estado contra la Generalitat en 37 años demuestró la falsedad de que "la consulta ya no es consulta" y que ésta no tenía "mandato democrático"

Las fuerzas políticas catalanas que dedicaron sus esfuerzos a depreciar el 9-N, hablando de "falta de legitimidad y mandato democrático", que "la consulta ya no es consulta" -definiciones que asumió inmediatamente Mariano Rajoy para intentar una baja participación del voto-, o que se trataba sólo de una "movilización", están aún por reconocer su grave error.

No sólo no han reconocido su error, sino que siguen repitiendo lo mismo. Los tertulianos seleccionados por los profesionales felipistas de TV3, con el diario del PSOE "El Periódico" como cabecera, en el "2324" y la propia TV3 -no hablemos ya de la cadena monárquica del conde Godó en "8aldia" y las cadenas españolas-, la mayoría cercanos a PP, ERC, PSC, el grupo de Maragall, o ICV, siguen ridiculizando el 9-N y quitándole protagonismo a la voluntad de más 2,3 millones de catalanes en las condiciones electorales más difíciles habidas en 35 años.

El contraste entre tal desvalorización teórica del 9-N y la voluntad práctica de las propias bases de esos partidos es abrumador. Pero lo es más aún, el hecho de que si la Consulta era tan simplemente "simbólica", -adjetivo de moda ahora de esos señores- no se entiende la contundencia del estado que a punto ha estado de romper la cohesión de su propio aparato represivo judicial para presentar una querella criminal contra el President Artur Mas, la Vicepresidenta Joana Ortega y la Consellera de Educació, Irene Rigau.


Hay que movilizar a las masas para impedir el proceso penal de los dirigentes de la Generalitat

A fecha de hoy no hay resolución sobre la admisión de la querella, pero es evidente que desde el minuto 01, los dirigentes independentistas de los partidos, debieran haberse reunido para consensuar y publicar las acciones de masas que están dispuestos a llevar a cabo para impedir que se procese a los máximos dirigentes de la Generalitat de su país.

Afortunadamente parece ser que las Asambleas de base de la ANC parece que se están pronunciando mayoritariamente por la lista única plebiscitaria y esperemos que también por una movilización contundente en apoyo al President, la Vicepresidenta y la Consellera de Educació.

Hay quienes atados a su ansiedad electoralista, temen que ello redundaría en beneficio de Artur Mas y de su partido. Escudándose en una "autoinculpación", que es simplemente un brindis al sol de eficacia nula -eso sí que es "simple simbolismo"-, pretenden quedar bien ante la gente, debilitando de hecho a los querellados por falta de apoyo práctico de masas cuando más lo necesitan.

No tiene sentido decir en Twitter "defenderemos a Artur Más" si después no se concreta qué se va a hacer para ello. Está claro y eso lo saben todos muy bien, al menos desde el 2.010, solo las masas en cientos de miles y millones de personas pueden realizar esa defensa frente al aparato del estado.

No se trata de "defender" como "testigo" como decía el ex jefe del tripartito y hoy senador, José Montilla -para tal "amigo", es mejor un claro enemigo- a Artur Mas cuando lo procesen. Se trata de impedir ese proceso. Ese debiera ser la actitud.

Hay algunos dirigentes políticos que no tienen prisa para realizar acciones en apoyo a los dirigentes de la Generalitat querellados. Consideran que la querella tardará tiempo en ser dictaminada y en ser decidido si se abre proceso penal o no.

Quienes así piensan debieran recordar que el aparato del estado, jueces incluido, cuando quiere y contra quienes quiere hacerlo, actúa de la noche a la mañana.


La lista única plebiscitaria es la única opción que acata el mandato popular del 9-N y maximiza el voto por la independencia.

Decir como siguen proclamando algunos que del 9-N no surgió ningún mandato democrático es despreciar olímpicamente a los 2,3 millones de catalanes que votaron el 9-N.

Los argumentos contra la lista única plebiscitaria suponen contradecir la voluntad popular del 9-N. Los 2,3 millones de catalanes que fueron a votar, y especialmente los más 1,8 millones que votaron sí-sí, no lo hicieron cada uno a una lista programática distinta sino a una sola exigencia: la Independencia. Nadie que eluda esa realidad práctica puede hablar de la Independencia.

Por lo tanto, ante la represión del estado, se trataría de blindar con una alta participación incuestionable, el respeto a la voluntad popular catalana y la seguridad política y jurídica de la Generalitat personificada en sus dirigentes. Y ese es el objetivo central ahora -o debiera serlo- de todos los partidos que se proclaman no sólo soberanistas o independentistas, sino democráticos.

Agrietar hoy esa necesaria unidad férrea frente la dictadura del estado con programas "alternativos" contradictorios entre sí, cuando está pendiente aún el objetivo por el que la gente ha votado, es simplemente hacerle el juego a la reacción reduciendo el voto independentista.


En el pasado, en nombre de la "Independencia" se hizo President a Maragall y Montilla

Nadie puede ser juzgado solo por lo que dice, sino principalmente por lo que hace. La palabra Independencia está inscrita en las posiciones programáticas de ERC desde siempre. Sin embargo hay que recordar que en nombre de la "Independencia" ERC concedió la presidencia de la Generalitat a Pascual Maragall y José Montilla, con la connivencia y apoyo del Comité Federal del PSOE, con el objetivo, según el "amigo" de Alicia Sánchez Camacho, José Zaragoza, de "fagocitar" a CiU. Todo ello en estrecha alianza con Joan Puigcercós, asiduo a la Moncloa en aquellos tiempos.

En la actualidad, ERC ha establecido alianza con Ernest Maragall, precisamente "cerebro" junto a José Zaragoza de aquellos tripartitos.

La insistencia de ERC junto a ICV-EUiA y CUP a unas elecciones en las que cada partido se presente con su programa y siglas por separado, además de poner en peligro la mayoría absoluta independentista, devalúa el carácter plebiscitario de dichas elecciones. Curioso tema permanente que sean siempre algunos promotores de las consultas al pueblo catalán quienes las intenten devaluar de una manera o de otra, por estrecho partidismo.

Estamos ante una segunda oportunidad histórica de avance. Las próximas elecciones convocadas por la Generalitat no puede ser recurrida por ninguna fiscalía ni aparato. Sólo podría ser impedida realizando un verdadero golpe de estado y abriendo por consiguiente un futuro de agudización de la lucha. Se debe aprovechar como la anterior, aunque sin repetir los mismos errores sectarios de algunos.


"Primero hay que ganar la guerra" -Independencia- y después todo lo demás

En la historia de la lucha de clases, los intentos de saltarse una etapa o una fase de la lucha han tenido siempre consecuencias desastrosas para el pueblo.

Ocurrió en nuestra guerra civil revolucionaria, cuando los anarquistas y trotskistas pretendieron hacer la "revolución" en las ciudades contra la "República burguesa", en vez de centrar su actividad en los frentes de combate contra el fascismo para frenar su avance, desoyendo la consigna del PCE de ganar primero la guerra para después poder hacer la revolución.

Ocurrió en la URSS colectivizando por decreto toda la economía del país, suprimiendo la NEP, centralizando en pocas manos todas las iniciativas y declarando el "comienzo de la construcción del comunismo" cuando en realidad, la URSS iniciaba su proceso de estancamiento y era solo 1/3 de la economía de EEUU.

Ocurrió en China, cuando el "Gran Salto Adelante" con el fin, según Mao, de "alcanzar a Inglaterra en 10 ó 15 años" y la "Gran Revolución Cultural Proletaria" con el objetivo de "implantar el comunismo", solo provocaron retrocesos, hambre, muertes y oscurantismo.

Ocurrió en Cuba, en la que siguiendo ciegamente los pasos de la URSS, llegaron a depender en un 90% de sus decisiones y su economía, creyendo que estaban en pleno "comunismo igualitario", desechando el criterio de distribución socialista "a cada cual según su trabajo".

En Catalunya primero hay que ganar la Independencia y ello significa que hay que dar el paso de unas elecciones plebiscitarias en lista única que posibilite la formación posterior de un Gobierno de Unidad Nacional hasta conseguir la Independencia.

¿Está eso en contradicción con la lucha de clases y seguir abordando el combate en el movimiento obrero y popular? No, necesariamente, pues luchar con contenido de clase en las empresas y barrios, depende de la voluntad de cada partido, independientemente de que impulse la lucha unitaria nacional o que se presente en una lista unitaria o no. Algunos debieran recordar la experiencia del PSUC hasta la primera mitad de los años 70 del siglo pasado.

Por lo tanto, es una excusa poco sólida pretender desvirtuar la necesidad de una lista electoral unitaria por la necesidad de luchar junto a las clases populares por sus intereses. Excepto que se considere esa "lucha" como una simple proclama verbal filistea en épocas electorales, que es realidad lo que hacen los partidos oportunistas de "izquierdas", que tanto temen la lista única plebiscitaria.

Esperemos que la Assemblea Nacional Catalana haga entrar en razón a quienes aún anteponen su ansiedad electoral a la voluntad de unidad combativa de los catalanes expresada en múltiples ocasiones.